Entre duendes y tenorios





El pasado 24 de junio celebré la festividad de San Juan acercándome a visitar a otro Juan tan famoso como el Bautista, aunque no precisamente por la piedad de sus obras. Este don Juan me recibió en su casa; o mejor dicho, en el hospital donde aguardaba el momento de partir a otro hogar no tan caduco e imperfecto. Un hospital que era a la vez jardín romántico, transformado en patio de butacas de un improvisado teatro en el que nos congregamos un reducido, pero entregado, grupo de fieles amantes de la ficción escénica. ¿Ficción?... ¿O realidad escenificada a través del juego creador de dar vida a partir del fingimiento? Porque lo cierto es que, al adentrarme en el patio de la Casa Museo Zorrilla, en Valladolid, donde esa noche se representaba La sombra del Tenorio, de José Luis Alonso de Santos, reconocí en la figura de Saturnino, ese viejo actor secundario cuya vida había transcurrido siempre a la sombra de otros personajes, tanto dentro como fuera del escenario, a don Juan: escuché sus versos sonoros y magnéticos, y reviví de nuevo la historia que poéticamente grabó en nuestra memoria la fogosa imaginación del romántico Zorrilla, quien también estaba presente desde la atalaya de la casa que lo vio nacer. Como pude percibir, cercana, familiar y amiga, la voz del dramaturgo que en 1994, ciento cincuenta años después del estreno de Don Juan Tenorio, rindió su particular homenaje a la obra cumbre del teatro español, dando la palabra a un antiheroico Ciutti que logra superar a su amo en heroicidad dramática "al pie de la sepultura".

Es inconcebible la figura de don Juan, noble caballero de innoble conducta, sin la existencia de su fiel servidor y confidente, protector de su espaldas; llámese Ciutti, Catalinón o Esganarel. Del mismo modo que don Quijote quedaría incompleto sin su leal Sancho, y los "señores" de todas las épocas se alzan al amparo de aquellos a quienes parecen sostener. Como resulta inevitable que estos ansíen en silencio (o a voces) ocupar el lugar de aquellos, a quienes admiran o cuya suerte envidian. Tras ese trasfondo cargado de humanidad, encarnado en la figura de Saturnino, se alza la acción de este largo monólogo que constituye La sombra del Tenorio; uno de los títulos más importantes, y difíciles de representar, del famoso dramaturgo vallisoletano contemporáneo, que Luis Orcajo, primer actor de El Duende de Lerma, interpreta con una maestría solo reservada a los grandes comediantes de todos los tiempos. Bajo la dirección de Ernesto Pérez Calvo, esta compañía "no profesional" formada por auténticas gentes del teatro, con mucho escenario a sus espaldas, ofrece un montaje riguroso y de calidad cuyo mérito ha sido reconocido en los numerosos premios que ha recogido a lo largo del territorio nacional.        

Saturnino, Ciutti, don Juan, Zorrilla, Alonso de Santos y el público, que se incorpora a la acción como entidad dramática tan real e imaginada como aquellas, convivimos durante un tiempo en ese mágico limbo donde los límites entre la realidad y la ficción quedan difusos; y nuestras voces, confundidas en una sola (¿a quién pertenecía?), se entremezclaron en un sueño del que acaso solo despertamos al finalizar la función.

José Luis G. Subías



    

Comentarios

  1. Bienvenido al mundo de los blogs, José Luis. Orcajo es un veterano en el teatro de aficionados, un amante de hacer las cosas bien. En esta obra, además, ofrece una forma de enfrentarse al personaje propia, que merece todo el éxito que está teniendo.

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  2. Gracias por tu bienvenida y apoyo, Pedro. Si Orcajo es un veterano de las tablas, tú eres ya un experimentado "blogger". Seguro que podrás darme más de un consejo.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Muchas gracias por su crítica a nuestra humilde representación. Para todos los que componemos la compañía de aficionados "El Duende de Lerma" es un honor el que nos haya dedicado su tiempo y su sabiduría. Gracias a sus observaciones, podemos seguir mejorando. Nos encantaría nos autorizase a colgar su critica en nuestra página.

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    1. Por supuesto que podéis utilizarla (permite que te tutee), Luis. El honor es mío. Me hubiera gustado quedarme un rato y charlar contigo y mi buen amigo Pedro Ojeda; seguro que habríamos tenido una conversación teatral muy amena. Un abrazo y mis mejores deseos.

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