"Oleanna" o la tiranía de lo correcto


Dos personajes solos, frente a frente, sobre un escenario; un mano a mano perfecto para el lucimiento de cualquier actor, que hemos visto en tantas otras grandes obras de la dramaturgia contemporánea, es lo que el inquieto y provocador escritor norteamericano David Mamet (Chicago, 1947) utiliza en este intenso drama estrenado por vez primera (para el público estadounidense) en 1992; pese a lo cual, no ha perdido nada de su cercanía y actualidad en la sociedad española de nuestros días.

Desde su estreno en España, en 1994, en que Blanca Portillo se midió a Santiago Ramos en el Teatro María Guerrero, han sido varios los duetos protagonistas de Oleanna, entre los que recordamos los protagonizados por Elvira Heras y Gerardo Geacinti, diez años después; o la encomiable interpretación de Irene Escolar y José Coronado en el Teatro Español, en 2011, a partir de la versión española de Juan V. Martínez Luciano; la misma sobre la que está construido el último montaje de la pieza, representado hasta el próximo 15 de octubre, en el Teatro Bellas Artes de Madrid.

Con una puesta en escena simple y de gran efectividad, basada en el empleo de una mesa y dos sillas, cuya posición va variando a lo largo de los diferentes cuadros del texto para marcar la relación de poder que se irá estableciendo en cada momento entre los personajes, el director madrileño Luis Luque (1973) presenta un montaje respetuoso con el realismo de la obra escrita por Mamet; potenciado desde el naturalismo que preside la magnífica interpretación (que irá ganando en seguridad e intensidad a medida que avanza la acción) de los dos nuevos protagonistas de este exclusivo reparto.

    
Natalia Sánchez y Fernando Guillén Cuervo dan vida en esta ocasión a Carol, la joven estudiante universitaria que acude al despacho de John, su profesor, con la intención de que este le apruebe una asignatura a todas luces (la simpleza de la joven, en sus primeras intervenciones, así lo evidencia) justamente suspensa. A partir de ese momento se establecerá una tensa e incómoda relación entre los implicados, en la que asistiremos a un conflicto que va más allá de los intereses personales para convertirse en una lucha de dimensión social. Son dos mundos los que se enfrentan en este debate dialéctico en el que está en juego el poder. Si, en el primer cuadro, es el profesor quien ejerce su dominio sobre una nerviosa alumna incapaz de comprender ninguna de las razones de aquel, este dominio se invertirá de manera absoluta, llegando a ser la joven quien ejerza una posición de total autoridad sobre un vencido y humillado profesor al final de la historia.

La actitud empleada por ambos contendientes en este "duelo" es muy distinta. La manifiesta superioridad intelectual del profesor, no exenta de cierta condescendencia hacia la alumna, es compensada por un comportamiento natural y cercano (manifestado asimismo en la confianza con que trata por teléfono sus asuntos personales ante ella) que evita en todo momento hacer daño, humillar o hundir a la persona que tiene enfrente. Incluso las muestras de cariño hacia la joven (vistas como acoso sexual por esta, y subrayadas ex profeso por el director del montaje) pueden ser entendidas simplemente como tales. Sin embargo, desde el mismo instante en que Carol entra en el despacho de John, lo hace con la actitud beligerante de quien se adentra en territorio enemigo, y empleará todas las armas a su alcance para conseguir su objetivo y vencer a su "opresor". Carol odia a su profesor, odia sus maneras intelectuales, su ininteligible forma de hablar y esa desahogada posición de que goza, cuyo sacrificio y esfuerzo para haberla alcanzado no acierta a ver (sí engrandece, sin embargo, desde un egoísmo infantil, sus propios esfuerzos y sacrificios). Todo su comportamiento nace de la soberbia y el rencor de un rebelde consentido, acostumbrado a manejar las leyes de una sociedad puestas al servicio del más "débil". Machismo, sexismo, racismo, discriminación, abuso de poder... intento de violación... Estas serán las armas que utilice una aparentemente indefensa joven que tergiversará y manipulará las palabras y gestos de su profesor para hundirlo y destrozar su vida, sin ningún tipo de piedad; desde una crueldad que convierte al personaje, a nuestros ojos, en el verdadero opresor y al profesor en la víctima.   

Mamet dio una vuelta de tuerca al nuevo código moral de su tiempo (nuestro tiempo) para llamar la atención sobre el abuso de poder y el peligro que encierran siempre las grandes verdades, vengan de donde vengan. ¿Quién abusa de su poder en este caso? ¿Lo hacen ambos? ¿Lo hacen en igual medida? ¿Quién es la víctima y quién el verdugo en esta contienda? Teatro de palabra, destinado a la reflexión y a remover conciencias, Oleanna plantea un debate y temas de absoluta actualidad, sobre los que el público, a buen seguro, tomará partido.

José Luis G. Subías














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