Deslumbrante presentación de "El curioso incidente del perro a medianoche" en el Teatro Marquina


Anoche acudimos al Teatro Marquina con el convencimiento de que íbamos a asistir a una representación teatral muy especial. Y así fue. Mucho y muy bien habíamos oído hablar de esta obra, estrenada el pasado día 5 de septiembre (en su traducción española) en el citado teatro, que llegaba precedida de un palmarés envidiable de premios y reconocimientos en Londres (siete premios Olivier) y Nueva York (cinco premios Tony), y una crítica rendida a sus pies; sin duda tanto como el público que ha tenido la oportunidad de contemplar en España, en las dos semanas que lleva en cartel, un espectáculo que suma, a un trabajo escénico de primerísima calidad y gran belleza artística, un profundo valor humano.

El curioso incidente del perro a medianoche, título que recuerda al de algunos de los misteriosos casos resueltos por Sherlock Holmes (de quien su autor lo toma), es una adaptación teatral realizada por Simon Stephens, en 2012, a partir de la novela homónima del también escritor británico Mark Haddon, publicada en 2003. Haddon, que trabajó durante un tiempo en contacto con jóvenes con deficiencias físicas y mentales, experiencia que volcó en sus numerosos libros de literatura infantil, centró su obra en Christopher, un joven de quince años que vive solo con su padre y presenta un trastorno de carácter autista (no especificado con claridad) que, entre otros rasgos, le hace rechazar el contacto corporal, decir siempre la verdad a cuanto se le pregunta o ser incapaz de distinguir el lenguaje figurado o de reconocer emociones, a la par que muestra un sobresaliente talento para las matemáticas, propio de un superdotado. La historia, contada en primera persona por este, a partir de los sucesos y pensamientos recogidos en una especie de diario que se convertirá en libro y en una posterior obra teatral a la que estamos asistiendo (se trata, en este sentido, de una obra metaliteraria y metateatral), se inicia in medias res, con la muerte del perro de la señora Shears atravesado por una horca. Tras ser acusado inicialmente por esta de haber sido el autor, Christopher decidirá investigar por su cuenta con la intención de encontrar al culpable, contraviniendo las órdenes expresas de su padre. Esta aventura le llevará al muchacho a descubrir mucho más de lo que pretendía encontrar, debiendo afrontar y superar una serie de difíciles retos personales, entre los que se encuentra un complicado examen de matemáticas de nivel 1.

Aunque por regla general solemos agradecer la maestría de esos directores cuya presencia se halla, en apariencia, ausente sobre el escenario, en este caso agradecemos a José Luis Arellano García lo contrario. Pocas veces hemos visto (y disfrutado) con tanta claridad como en esta el trabajo de un director, perfectamente visible en cada detalle de una vertiginosa acción, cuyo ritmo frenético es capaz de condensar, en no mucho más de dos horas, multitud de sucesos, situaciones, espacios y personajes (más de una treintena). Con una intuición escénica de primer orden, un sentido del equilibrio y el movimiento que le permite utilizar los magníficos recursos de los diez actores que intervienen en la acción como fichas de ajedrez sobre un tablero vivo y en perpetuo cambio, y unos mínimos elementos de utilería (apoyado en un Gerardo Vera que realiza, en nuestra opinión, una de sus más brillantes creaciones escenográficas), Arellano construye un universo ficcional perfectamente creíble, que oscila entre la abstracción matemática, el sueño y la realidad; capaz de llevarnos a las calles de Swindon, hacernos ver el barrio donde viven Christopher y sus vecinos, el interior de la casa del joven, su habitación, el colegio al que asiste, una comisaría, la estación de ferrocarril, un vagón de tren que conduce a Londres... y tantos otros espacios que percibimos con nitidez; incluso de llevarnos a las estrellas o de hacernos sentir en el interior del cerebro de un ordenador (o, lo que es lo mismo, de Christopher).

Formando parte sustancial y necesaria de esta brillante maquinaria escénica destaca el excelente trabajo de los diez actores que constituyen el reparto, quienes, salvo en los casos de Marcial Álvarez (Ed, el padre del chico), Lara Grube (Siobhan, su profesora; especie de narradora que asume la voz del muchacho en ocasiones), Mabel del Pozo (Judy, la madre) y Álex Villazán (Christopher Boone), encargados de interpretar a los personajes que asumen el protagonismo de la historia, el resto del elenco da vida al variopinto y elevado número de figuras que intervienen en la acción: Carmen Mayordomo, Anabel Maurín, Boré Buika, Eugenio Villota, Alberto Frías y Eva Egido. Intachable el trabajo de todos y cada uno de ellos. Permítasenos, en cualquier caso, elogiar el derroche de energía, talento y preparación de que da muestra el joven Álex Villazán en su interpretación; la intensa verdad que transmite Marcial Álvarez como padre del chico y su emotiva relación con este; la fuerza femenina y maternal transmitida por Mabel del Pozo; y la serenidad que otorga a la escena la permanente presencia de una sobria y convincente Lara Grube sobre el escenario.    

Un magnífico trabajo conjunto, en definitiva, al que debemos sumar el del resto de profesionales del equipo artístico que hacen posible esta obra de arte; buena parte de ellos,  al igual que José Luis Collado, traductor de la pieza, miembros de La Joven Compañía, dirigida por el mismo José Luis Arellano García

El curioso incidente del perro a medianoche permanecerá en la cartelera del Teatro Marquina, en principio, hasta el próximo 14 de octubre. Aunque algo nos dice que a esta obra aún le quedan muchas representaciones por delante...

José Luis G. Subías

Fotografías de David Ruano
  

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