Verónica Mey se presenta, con su "Première", en los Teatros Luchana


La actriz y directora Verónica Mey reestrenó anoche, en los Teatros Luchana (Madrid), su ópera prima, Première, con la que debutó hace ahora un año en su faceta de dramaturga. Desde que asumiera la gestión de la productora Good Plays, fundada en 2017, ha realizado una intensa actividad al frente de esta, dirigiendo los montajes de las siete obras estrictamente contemporáneas que componen ahora mismo el repertorio de la compañía: seis de ellas (dos escritas por la propia Mey), pequeñas piezas de microteatro cuya breve extensión se ajusta al contenido íntimo y realista de un teatro emparentado con el lenguaje cinematográfico; en el que también se inspira esta Première, el único texto de larga extensión dirigido y escrito por la autora hasta el momento, tanto por su contenido como por el planteamiento estético-formal de la pieza.

Manu Hernández, en el papel de Mateo
Mucho debe esta tragicomedia contemporánea a ese cine español que con tanta frecuencia ha sabido vestir de esperpéntica o paródica humanidad el drama de la vida y de las pasiones; pero también a los clásicos de un Hollywood asimismo presente, al que se emula y admira, y al que se ofrecen varios guiños en el texto; como cuando se menciona, en una clara alusión a Casablanca, a Boggard y la pelirroja Hayworth (identificada con Jara), o la belleza de un Marlon Brando con el que se compara a Nico. Pero también debe mucho este texto, desde el punto de vista de la literatura, a la dramaturgia realista norteamericana; en concreto, a piezas como ¿Quién mató a Virginia Woolf?, de Albee, con la que encontramos claras similitudes (número de personajes, dos masculinos y dos femeninos; introspección psicológica, envidias, traumas infantiles, sexo, alcohol, miseria moral, hipocresía...).

Todos estos ingredientes encontramos en un texto capaz de mantener en todo momento el interés por el drama que subyace en el interior de cada uno de los cuatro personajes que protagonizan la acción, sujeta a los límites espacio-temporales clásicos: un único espacio (el apartamento de Jara, adonde han llegado para continuar celebrando el éxito de su primera película tras su estreno) y un par de horas escasas (el tiempo de la ficción y la realidad se confunden), suficientes para que la tensión erótico-festiva de la fiesta destape la caja de Pandora y la verdadera realidad de la relación existente entre los personajes estalle dramáticamente.

Verónica Mey
La efectividad literaria y dramática del texto construido por Verónica Mey es apoyada por una dirección, en manos de la autora, destinada a potenciar los valores de una palabra que ocupa el protagonismo que toda obra de realismo íntimo y cercano, como es esta, requiere. Aparte de una serie de proyecciones sobre el fondo del escenario, tanto de imágenes como de palabras alusivas al texto, no hay más efectos sobre la escena que los inherentes al empleo de la luz y la introducción de la música, adecuada para amenizar el ambiente festivo en algunos momentos, reduciéndose el decorado a los mínimos elementos necesarios para reproducir la ambientación realista de la escena (mueble-aparador, sofá, silla, mesita con botellas, espejo, maniquí...). Toda la atención del montaje recae, por tanto, sobre los cuatro actores que dan vida a los personajes imaginados por su autora y la voz prestada a estos por ellos. Junto a la triunfante Jara (Verónica Larios) se encuentran su atractivo novio Nico (Jordi Gimeno), actor principal en la película; su amiga Miriam (Raquel Meleiro), eterna actriz en ciernes que debe trabajar en una zapatería para poder vivir; y el incombustible Mateo (Manu Hernández), fiel valedor y protector de Jara en sus horas difíciles, quien cree haber logrado, con ella, su sueño de llegar a ser un gran director artístico. Todos los actores interpretaron con soltura y corrección sus respectivos papeles, aportando a cada uno de ellos rasgos, matices, propios y distintivos, desde una interpretación naturalista acorde con el género de la obra. Sin menoscabo alguno de sus compañeros de reparto, nos gustaría destacar, en cualquier caso, el trabajo de Raquel Meleiro, cuya verdad se transmite, tanto en sus palabras como en cada movimiento y cada mirada, con una intensidad y calidez que sobresale en el conjunto.   

Una magnífica rentrée, en fin, para esta nueva temporada teatral, de una Verónica Mey cuya Première animamos a ver en sus próximas representaciones en los Teatros Luchana, y esperamos dé pronto paso a nuevas creaciones de la autora; que, estamos seguros, darán cuenta de lo mucho que aún le queda por decir a esta mujer de teatro.

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