Un viaje hacia el sur, del presente al pasado, en "La geometría del trigo" de Alberto Conejero


El pasado 6 de febrero, la sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán acogió el estreno de La geometría del trigo, la nueva entrega de un Alberto Conejero favorecido por las musas y en gracia con una escena cuyas obras no deja esta de acoger. En poco más de dos meses hemos tenido la oportunidad de ver y comentar dos de sus producciones, Todas las noches de un día y la fantasía de raíces lorquianas bautizada por el autor como El sueño de la vida, que ahora mismo convive en la cartelera madrileña con este nuevo texto presentado por el Centro Dramático Nacional.

La geometría del trigo, título de una dimensión poética acorde con el contenido del texto representado, nos traslada a la Andalucía rural de hace cuarenta años, a las tierras de un pasado ligado a los recuerdos personales del autor, poetizados en un ejercicio de introspección y de reflexión tanto escénica como sobre la complejidad de los sentimientos y de las relaciones humanas. Dos planos discursivos se entremezclan en una historia de sabor realista (un realismo poético y, en ocasiones, simbólico) donde el pasado y el presente convergen, a partir del regreso de Joan (José Bustos) a sus orígenes para encontrarse con su padre fallecido, Antonio (Juan Vinuesa) al que nunca conoció. Ese viaje hacia el sur, desde Barcelona, le servirá al personaje para enfrentarse con el doloroso misterio que ha marcado su vida hasta entonces, la ausencia de un padre que supuestamente los abandonó a él y a su madre; y le ayudará a reconciliarse con un pasado traumático que, de algún modo, afecta a su relación presente con Laia (Eva Rufo).

Detrás de la historia de comprensión y reconciliación personal de Joan se alza otra historia de contenido trágico, muy humana y emotiva (perfectamente tratada por el dramaturgo y asimismo director del montaje), que ha determinado la de este: la relación amorosa entre Samuel (José Troncoso), llegado al pueblo desde Francia, adonde se marchó de niño con su familia, y Antonio, casado con una joven Beatriz (Zaira Montes) encinta. La exquisita delicadeza con que es presentada la relación entre ambos hombres, la resistencia de aquel frente a un sentimiento que finalmente se impondrá; la desconfianza de Emilia (Consuelo Trujillo), madre de Beatriz, hacia los cambios que la llegada de Samuel anuncia en sus vidas; la vitalidad de una Beatriz puro fuego y tierra, que ve cómo de golpe se apagan todos sus sueños y su futuro, y decide marchar sola con su hijo a Barcelona tras conocer los sentimientos de su marido, haciéndole prometer que nunca irá tras ellos...; todo un cúmulo de emociones y afectos, marcados por el amor (en muy diferentes manifestaciones) y sus efectos se dan cita en un texto y un montaje de un hondo sentido poético; pero también simbólico, como se manifiesta tanto en la bella y significativa escenografía de Alessio Meloni (no se puede decir más con tan pocos, pero espléndidamente elegidos, elementos) como en el detalle de presentar descalzos a Emilia y Antonio una vez muertos. Bellas y efectivas son asimismo las proyecciones empleadas sobre el práctico muro agrietado que preside la escena (obra de Bruno Praena), que contribuyen a potenciar esa atmósfera de onírica realidad presente en todo momento en la acción.

Junto a la calidad -y calidez- del texto de Conejero y su acertada dirección, son dignos de un especial elogio los seis actores que conforman el reparto: José Bustos, Zaira Montes, Eva Rufo, José Troncoso, Consuelo Trujillo y Juan Vinuesa; algunos de los cuales, como Vinuesa, impecable siempre en sus trabajos (no solo como actor o director, sino también como dramaturgo), y Zaira Montes, de nuevo deslumbrante en su papel, no es la primera vez que visitan La última bambalina. Magnífico trabajo de interpretación naturalista el de todos ellos (con alguna concesión, en contados momentos, a un leve manierismo expresivo acorde con el tono del texto), que contribuye a crear ese pulso íntimo y cercano, en ocasiones contenido, pero siempre intenso, que tiene la obra.

La geometría del trigo permanecerá en cartel, en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán, hasta el próximo 28 de febrero.

José Luis G. Subías  

Fotos: marcosGpunto

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