La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico da vida a "Los empeños de una casa", de Sor Juana Inés de la Cruz


En su empeño por conservar, difundir y hacer viva hoy nuestra gloriosa tradición teatral anterior al siglo XX, la Compañía Nacional de Teatro Clásico ha añadido recientemente un nuevo título a su dilatado haber tras más de treinta años de existencia: Los empeños de una casa, de la poetisa novohispana Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695). En esta ocasión, encomendado a la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, cuyas sucesivas promociones desde el año 2007 permiten garantizar una cantera de buenos intérpretes para nuestra escena áurea, avezados en el conocimiento de nuestros viejos autores barrocos y en la correcta dicción del verso, asesorados por un especialista de la talla del maestro Vicente Fuentes.      

El montaje de esta singular pieza (se trata de una comedia del siglo XVII, de tema amoroso, escrita por una mujer; y, además, monja) ha sido dirigido por Pepa Gamboa y Yayo Cáceres, profesionales de largo recorrido que han sabido sumar su visión escénica en una sola y armoniosa voz. Aprovechando la disposición espacial que ofrece la Sala Tirso de Molina del Teatro de la Comedia, los directores han creado un espacio central, flanqueado por dos pequeñas gradas de asientos enfrentados que permiten ver cuanto sucede desde un mismo nivel, o superior, al de los propios actores. Con un decorado apenas existente, reducido a cuatro grandes cuadros laterales que reproducen escenas mitológicas cargadas de sensualidad barroca, ocultos por unos velos oscuros de igual tamaño, que se mostrarán, convenientemente iluminados, cuando la situación lo requiere, y mínimos elementos de utilería (un par de sillas y unos ovillos de lana, con sus agujas, con lo que se construye buena parte del juego escénico), se dejará a la imaginación del público completar la ambientación de cuanto sucede a sus ojos, con la ayuda de un vesturario que, sin ser estrictamente historicista, recuerda las ropas del siglo XVII y una iluminación que juega con las sombras creando una atmósfera que sugiere más que muestra. A ese espacio central donde se desarrolla el grueso de la acción se accede a través de una puerta lateral, que conecta con el exterior, enfrentada a otra, a través de la cual se insinúan las dependencias interiores de la casa de don Pedro.

La adaptación de Antonio Álamo arranca con una escena trepidante, muy dinámica y "de capa y espada", construida a partir del relato que doña Leonor (Cristina Arias) le hace a doña Ana (Georgina de Yebra), en el texto original, de la desventura amorosa que la ha conducido a su casa; en un arreglo que mitiga la lentitud inicial de las primeras escenas de la obra de Sor Juana Inés. Fugada con don Carlos (David Soto Giganto) esa misma noche, para desposarse con él, tras enfrentarse con dos embozados que les salieron al paso (don Juan y su amigo don Diego de Castro, primo de Leonor, a quien don Carlos hiere de una estocada) y entregarse después a la justicia (en realidad, don Pedro y otros hombres a su servicio, disfrazados), doña Leonor ha sido depositada en casa de doña Ana para salvaguardar su honra. Todo es una traza de don Pedro (Pablo Béjar), hermano de doña Ana, quien, enamorado de Leonor, pretende atraer su corazón, aprovechando la "fortuita" estancia de la dama en su hogar. A partir de este enredo asistiremos a los empeños de los diferentes personajes que se dan cita en esa casa, por conseguir el amor que desean: don Juan (Miguel Ángel Amor), llegado desde Madrid a Toledo, donde se encuentran, persiguiendo a doña Ana; don Pedro, hermano de doña Ana, que pretende asimismo a Leonor; y don Carlos, enamorado de esta, y correspondido por ella, objeto a su vez del amor de doña Ana. En esta típica y enrevesada trama de amores encontrados, tendrán un destacado papel, como no podía ser de otro modo, los criados de doña Ana y don Carlos, Celia (Silvana Navas) y Castaño (Kev de la Rosa), sobre quienes recaerá (especialmente en el último) el peso de la comicidad de la obra; y no faltará el necesario velador del honor familiar en la figura de don Rodrigo (Daniel Alonso de Santos), hermano de doña Ana, al que acompaña su propio criado, Hernando (Marçal Bayona). La comedia, siguiendo la tradición lopesca, acabará felizmente, con cumplida satisfacción para todos los que han intervenido en la trama (salvo para don Pedro, el organizador de todo el embrollo y convidado de piedra en una historia de dos parejas en la que él no es más que un tercero en discordia), en un final con doble boda al gusto de la época.

Estrenada en 1683, Los empeños de una casa es una comedia de capa y espada tardía (la única escrita con seguridad por la monja novohispana, además de algunos autos sacramentales y una comedia mitológica), dentro de nuestro repertorio barroco. Aun siguiendo la estela de los grandes maestros, y estando a la altura de los muchos autores españoles que habían cultivado la comedia en el Siglo de Oro, Sor Juana Inés no es Lope, ni Calderón; su acción adolece de cierta lentitud y farragosidad que amenaza con aflorar en ciertos momentos de la representación, a pesar del peinado realizado en el texto por Álamo. Sin embargo, esta carencia es compensada en cierta medida por la inclusión de música en directo (presente también en la comedia original) y unas canciones creadas para la ocasión, que transmiten el aire de la música popular mexicana y ofrecen un ritmo diferente a la acción, reconduciendo el interés por lo que sucede en escena. Por otra parte, esta obra encierra asimismo una novedosa e importante aportación que sirve para singularizarla entre las comedias de su tiempo: y es la inclusión, frente a los numerosos casos de mujeres disfrazadas de hombre en la tradición áurea, de una transformación de hombre en mujer, a los ojos del público, con ingeniosos y divertidos comentarios sobre el proceso, protagonizada por el criado Castaño (cuyo papel borda Kev de la Rosa), en uno de los momentos más divertidos de la pieza.

La decena de actores que intervienen en el montaje desempeñan su papel con una corrección a la altura del trabajo requerido y, como señalábamos al principio de nuestro escrito, no solo confirman los buenos frutos de la CNTC con su joven compañía, sino que la continuidad y pervivencia de nuestros clásicos está garantizada en el futuro.

Estrenada el pasado 22 de febrero, en la sala Tirso de Molina del Teatro de la ComediaLos empeños de una casa finalizarán esta primera andadura el próximo 25 de marzo.

José Luis G. Subías    
         

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