"El pesimismo alegre (Mi suicidio)", de Henri Roorda; adaptación dirigida por Fernando Bernués, interpretada por un brillante Mario Gas
Hace apenas unos días, en la pasada entrega de La última bambalina , reiteraba mi escasa afección a las adaptaciones teatrales de obras escritas con una finalidad muy distinta a la de ser mostradas sobre un escenario; costumbre visible en el teatro desde hace más de dos siglos, pero que, en lo que llevamos de este, se ha convertido en moda tan cultivada que amenaza con ser plaga. Si en otros tiempos se habló del furor filarmónico, del furor traductor o el furor de refundir, no hay duda de que hoy sería lícito hablar del furor de adaptar . Excúsenme este pequeño exordio, que, como habrán intuido inmediatamente, viene al caso; pues de nuevo la obra que hoy les presento se trata de una adaptación. Adaptación en forma de monólogo; la fórmula perfecta para ponerse en guardia. Pero no, no lo hagan; en esta ocasión, la fórmula ha dado un buen resultado. El pesimismo alegre (Mi suicidio) , la obra que desde el 7 de octubre se exhibe en la sala Margarita Xirgu del Teatro Español -en ...