La elocuencia del silencio...
Cualquier estudiante de filología sabe qué es la expectativa frustrada ; no la vital, que de esa algo conocemos todos, sino la ideada por el lingüista Roman Jakobson a mediados del siglo pasado como herramienta mediante la cual se persigue la función poética. Por desgracia, la "frustración" obtenida a veces tras asistir a un acto de fondo poético -esto es, artístico- no es de las que provoca el arrobo de placer ligado a la belleza estética, sino frustración, sin más, fruto de la decepción obtenida tras poner una alta expectativa en algo. Esta experiencia se vive en ocasiones también en el teatro. No soy hombre de criticar el trabajo ajeno. Sí; cierto es que en esto estriba la labor de los críticos (¿acaso realmente lo soy?). Pero cuando la opinión, por muy cualificada y solvente que sea la voz de quien juzga el trabajo ajeno, zahiere la ilusión y las expectativas de quienes han invertido su tiempo, su esfuerzo y con frecuencia su dinero en un proyecto escénico, flaco favor ...