"El príncipe constante" o el triunfo de la fe y la virtud calderonianas
En sus orígenes, la Compañía Nacional de Teatro Clásico trató de acercarse -y acercar- en sus montajes a un público bastante alejado entonces de una estética, un lenguaje -en verso-, unos argumentos y unos temas que sonaban a arcaicos y desfasados, eligiendo cuidadosamente para ello el tipo de piezas que se consideraban más adecuadas para atraer al gran público -comedias sobre todo y textos muy conocidos-, así como unas puestas en escena novedosas y atractivas, en las que directores, escenógrafos y figurinistas desplegaron todo su talento e ingenio. Ganada ya esta causa desde hace tiempo, el teatro clásico español -en su vertiente renacentista y barroca- ha vivido en este siglo un idílico estado de complicidad con el público que lo ha situado entre los géneros preferidos por este en la escena contemporánea. Cumplida su misión inicial, la CNTC tiene ahora la posibilidad de ahondar en la riqueza de un patrimonio cultural envidiable, y de rescatar textos menos conocidos o de elevada ...