La escuela de Ramón se abre paso a golpe de ingenio y carcajadas en el Teatro Lara
No existe comedia insustancial, puesto que el teatro se nutre de la sustancia de la vida. Y, en la vida, las alegrías y las penas juegan una caprichosa partida en la que la seriedad, vestida de prestigiosa etiqueta, trata inútilmente de arrebatarle su cetro a la sencilla sonrisa con que se adorna cada mañana la felicidad. En teatro, no hay nada más difícil para un autor que hacer reír, ni reacción más natural y espontánea en el público que la de la carcajada . Eso lo sabían muy bien nuestros grandes comediógrafos del pasado siglo, herederos de una larga tradición escénica que encontró, con Ramón Gómez de la Serna y el nuevo concepto del humor gestado en las vanguardias, un fecundo filón llevado hasta sus últimas consecuencias por Jardiel Poncela, López Rubio, Neville, Mihura, Alfonso Paso o Alonso Millán, cultivadores de un tipo de comedia tradicional y "comercial" que terminó sufriendo el descrédito de la crítica y de cierta parte del público, a causa, entre otras razo...