"La Fortaleza", de Lucía Carballal, una autoficción contemporánea que conversa con el padre y con el sentido del teatro clásico
El yo, ese tirano absoluto de nuestro tiempo, sigue exhibiéndose en las tablas desde la seguridad de su fortaleza inexpugnable. Las historias de contenido autoficcional siguen dando juego -al menos así parece, por la insistencia en programarlas- en un mundo en el que la confesión pública de nuestros anhelos, temores, frustraciones y traumas, o simplemente vivencias personales, por regla general ligados a la relación paternofilial, se convierten en materia de consumo desde un altar escénico convertido en diván catártico. Bien, es una opción; hace cien años todavía se acudía a los teatros para presenciar sucesos extraordinarios o anomalías humanas diversas, por la curiosidad que estas despertaban -sin que en ningún momento, debemos aclarar, se confundieran estos espectáculos con la literatura dramática-. Es una opción, repito, y una forma de afrontar la creación teatral de la que han surgido en los últimos años grandes obras artísticas. Ahora bien, la exposición pública del yo -un yo r...