Un personaje para un actor: José Luis Gil y "Cyrano de Bergerac"
Una vez más ha vuelto a ocurrir. Ha vuelto a suceder. Anoche se produjo de nuevo el milagro en el interior del Teatro Reina Victoria (en el exterior, otras aventuras menos milagrosas estaban teniendo lugar, por bullangueros viandantes cuyos jocosos berridos mostraban tal intensidad que eran capaces de atravesar las paredes del templo sagrado, afortunadamente confundidos con las voces de los pendencieros gascones de la ficción). La magia del teatro había vuelto a surgir, para contagiar su efecto hipnótico en un público y unos actores entregados a un mismo rito que les divirtió, los emocionó y los trasladó, en suma, a ese lugar donde el Arte es capaz de elevar al ser humano a un estado más allá del tiempo y el espacio, reino de la imaginación, el intelecto creativo y los sentimientos sublimados. Y el prócer en torno al cual tuvo lugar esta ceremonia mística, el oficiante que contagió a sus compañeros y arrastró tras de sí a la sala, con su longa y desafiante nariz, y una ...