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"Personas, lugares y cosas", de Duncan Macmillan, en la mirada de Pablo Messiez, regresa con fuerza a las tablas del Teatro Español

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El análisis de un espectáculo teatral incluye el de numerosos elementos sígnicos que conforman su resultado último. Todos los que apreciamos ayer sobre el escenario de la sala principal del  Teatro Español  ofrecen cuanto se puede pedir a un montaje que juzgamos sobresaliente. Impecable y soberbia dirección , marcada por un estilismo y un ritmo de absoluta modernidad , desde una estética con aires cinematográficos que juega con el espacio adaptándolo a las necesidades del texto, buscando siempre una profundidad y amplitud espacial que convierte a los personajes en figuras diminutas y desvalidas en el conjunto; un equipo artístico de alta envergadura , un texto actual y complejo , de enormes posibilidades, y un reparto excepcional .  Personas, lugares y cosas , del dramaturgo inglés  Duncan Macmillan -pues no es otra la obra a que nos referimos-, ha vuelto de nuevo al Teatro Español tras el espectacular éxito obtenido durante la pasada temporada en este mismo espa...

Pablo Messiez sorprende y deslumbra con "La voluntad de creer", una artística tragicomedia negra en torno a la fe

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¿Qué tendrá la fe frente a la razón? ¿Acaso son dos fuerzas irreconciliables? ¿Por qué la razón y la realidad se tornan insuficientes para explicar o dar sentido a cuanto nos rodea y no comprendemos, a nuestra propia existencia y, en definitiva, al trágico acontecimiento que determina nuestra vida, la paradójica inevitabilidad de la muerte?  Es un alivio intelectual y espiritual sentir sobre un escenario la pulsión del misterio y la duda ; y hacerlo desde el distanciamiento humorístico de quien se sabe lo bastante insignificante y fugaz como para no tomarse excesivamente en serio, y tan grande como para permitírselo, sabiéndose por encima de todo y de nada, desde el instante mismo en que se acepta la imposibilidad del dominio sobre el tiempo y la propia existencia. Ser y no saber nada... y ser sin rumbo cierto... Esa angustia existencial que ha marcado al hombre posromántico y fue convertida en expresión artística por nuestros viejos poetas finiseculares (tan contemporáneos...), qu...

La tragedia absurda de unos días felices para tiempos inciertos, en la Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán

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Una atmósfera densa, sobrecogedora, asfixiante -no solo por las mascarillas tras las que nos refugiábamos los escasos devotos de la cultura que en estos tiempos nos aventuramos a asistir al teatro en Madrid-, se respiraba ayer en la sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán , donde se representa desde el pasado 30 de septiembre Los días felices , de Samuel Beckett , en versión y dirección de Pablo Messiez . Le sientan bien al director argentino la hechura y el tono de la dramática beckettiana, como al propio Beckett que sea Messiez quien lo interpreta y hace revivir sobre la escena. Porque ayer, frente a experimentos deconstructivistas que ocultan, deforman, escamotean y desmienten al autor que por desgracia es objeto de cualquier ocurrencia reinventiva , lo que vimos en escena fueron los desvelos intelectuales y existenciales del dramaturgo irlandés; en estado puro. Incluso llevados al extremo por la sagacidad de un director -también dramaturgo- que ha sabido extraer del texto orig...

La fuerza del deseo en Lorca y sus "Bodas de sangre"

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  Amor loco, amor prohibido, amor mortal... lujuria, poesía y muerte se dan cita en las tablas del Teatro María Guerrero  estos días, con la puesta en escena de uno de los textos más emblemáticos y conocidos del dramaturgo granadino Federico García Lorca : la tragedia Bodas de sangre , estrenada por primera vez en el pequeño teatro madrileño Infanta Beatriz, en 1933. La sorprendente, atrevida y moderna versión dirigida por Pablo Messiez  (Buenos Aires, 1974), adaptador asimismo del texto, rompe cualquier expectativa del público conocedor de la historia y la imaginería previa acumulada por esta a través del tiempo, para presentar un mundo distinto, en el que los funestos grises, marrones y negros han dado paso a un color que inunda la escena de un vitalismo y una frescura juvenil, picante y procaz, plena de divertimento. A lo que contribuye no solo la distendida interpretación de un notable elenco de actores, sino la belleza plástica de un vestuario y una esceno...