"Personas, lugares y cosas", de Duncan Macmillan, en la mirada de Pablo Messiez, regresa con fuerza a las tablas del Teatro Español
El análisis de un espectáculo teatral incluye el de numerosos elementos sígnicos que conforman su resultado último. Todos los que apreciamos ayer sobre el escenario de la sala principal del Teatro Español ofrecen cuanto se puede pedir a un montaje que juzgamos sobresaliente. Impecable y soberbia dirección, marcada por un estilismo y un ritmo de absoluta modernidad, desde una estética con aires cinematográficos que juega con el espacio adaptándolo a las necesidades del texto, buscando siempre una profundidad y amplitud espacial que convierte a los personajes en figuras diminutas y desvalidas en el conjunto; un equipo artístico de alta envergadura, un texto actual y complejo, de enormes posibilidades, y un reparto excepcional.
Personas, lugares y cosas, del dramaturgo inglés Duncan Macmillan -pues no es otra la obra a que nos referimos-, ha vuelto de nuevo al Teatro Español tras el espectacular éxito obtenido durante la pasada temporada en este mismo espacio. Y lo ha hecho para refrendar su enorme categoría dramática y escénica.
De nuevo Irene Escolar, intérprete de esa actriz (Emma) adicta al alcohol y a todo tipo de drogas que protagoniza la historia, nos deleita con una actuación espectacular, llena de fuerza, matices e intensidad, que le valió en su momento unánime reconocimiento. Y, salvo por la incorporación de Pepe Sevilla (Pastor) en el papel que en su estreno de 2025 interpretó Brays Efe, el resto del magnífico reparto que acompaña a Escolar se mantiene. Fantástico trabajo el de todos y cada uno de los actores y actrices que lo conforman; con una excelente Sonia Almarcha (Doctora / Terapeuta / Madre) como maestra de ceremonias de un elenco que cuenta, además de los citados, con actores de la talla de Tomás del Estal (Pol / Padre), Javier Ballesteros (Konstantin / Marc), Claudia Faci (Charlotte), Daniel Jumillas (Juan), Mónica Acevedo (Laura), Blanca Javaloy (Moni), Manuel Egozkue (T) y Josefina Gorostiza (Doble de Emma).
La escenografía de Max Glaenzel cumple con la ductilidad requerida para aparecer y desaparecer de escena como por arte de magia, integrándose en esa amplitud escénica -tendente al espacio vacío- que domina el grueso de la obra; la iluminación de Carlos Marquerie contribuye a crear ese aire de ilusión fantasmagórica y onirismo presente en buena parte de la trama, reforzado por la ambientación sonora y la música creadas por Óscar G. Villegas; y el vestuario diseñado por Silvia Delagneau, por su parte, aporta el aire de contemporaneidad y realismo necesario en el que se desarrolla la acción.
Con una trama trepidante que a veces puede perder la tensión inicial con que arranca, Pablo Messiez, adaptador y director del texto, ha creado un montaje plenamente actual, de enorme fuerza, que nos adentra en la tortura de una joven adicta al alcohol y las drogas, y el proceso que debe atravesar, desde que decide dar el paso de internarse en un centro de desintoxicación y rehabilitación, hasta su posterior incorporación a la vida. ¿Curada? El tormento de un mundo y una realidad difícil de asumir, si no es con la "ayuda" de sustancias capaces de alejarte de ella... y de ti mismo, se muestra con descaro, descarnadamente, en una historia vibrante que atenaza al público en la butaca durante la mayor parte de la obra, cuya intensidad e interés, junto con el abigarrado y colorido mundo que introduce en escena, su variedad de personajes y situaciones, hacen de la pieza un texto ideal para ser adaptado al cine.
Una obra que, confesamos, nos sorprendió ver en las tablas del Teatro Español. Por su contenido y concepción escénica la habríamos juzgado más a propósito para ser llevada a escena en las salas del Centro Dramático Nacional -habría sido un espectáculo perfecto para el María Guerrero o el Valle-Inclán-, o incluso en Nave 10 Matadero. En cualquier caso, no debemos quitar mérito alguno -sino todo lo contrario- por ello al Teatro Español, coproductor del montaje junto con Calle Cruzada y el Teatro Calderón de Valladolid, artífices de tan loable y exitoso proyecto.
Personas, lugares y cosas, de Duncan Macmillan, seguirá representándose hasta el 18 de octubre en la sala principal del Teatro Español. Sin duda, uno de los acontecimientos teatrales de la pasada temporada, que se nos ha regalado de nuevo en esta, y que animamos a no perderse. La obra, tengan por seguro, nos les dejará indiferentes.
José Luis González Subías
Fotografías: Mario Zamora





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