Expresar indiferencia no es igual que provocarla: "Los de ahí", de Claudio Tolcachir
Asistir al teatro es una maravillosa aventura, capaz de proporcionar experiencias inolvidables -como las que recientemente hemos destacado en estas páginas- y algunas, por desgracia, que es mejor olvidar. Estas últimas, por regla general, ni siquiera perdemos el tiempo en comentarlas (a fin de cuentas, tampoco es plato de buen gusto zaherir); sin embargo, cuando el producto ofrecido es una producción que goza de los mejores medios técnicos y económicos -impensables para tantas compañías que luchan por sobrevivir y trabajan en precario-, y viene avalada nada menos que por el Centro Dramático Nacional , no podemos menos que ser muy estrictos en nuestro juicio, y advertir, críticamente, que ese no es el camino. Todavía no sabemos muy bien qué es lo que vimos ayer sobre el escenario del ínclito Teatro María Guerrero . Lo que sí recordamos son esos noventa minutos que nos parecieron doscientos, y una trama insulsa, sin conflicto dramático alguno -no me hablen de conflictos interiores ...