Cuando el gesto y la acción sustituyen a la palabra y se convierten en arte: "Grito, boda y sangre", una dramaturgia de Iker Azkoitia dirigida por Ángela Ibáñez Castaño
El acceso al teatro para las personas sordas ha sido durante mucho tiempo un reto que se ha tratado de paliar con diferentes medios visuales pensados para suplir las carencias que la falta de audición puede provocar en el disfrute y comprensión total del hecho escénico. Muy pocas propuestas teatrales han tenido como prioridad una verdadera integración de este grupo humano en el espectáculo, haciendo uso de la lengua de signos como principal vehículo de comunicación en este. El Centro Dramático Nacional ha prestado atención a esta realidad y ha pretendido normalizar el uso de la lengua de signos en algunos de sus espectáculos. Ya lo hizo en Manual básico de la lengua de signos para romper corazones (2022), de Roberto Pérez Toledo; pero especialmente con el Ricardo III (2024) dirigido por Marco Paiva, la primera producción representada en un teatro nacional -el María Guerrero- exclusivamente en lengua de signos. Poco más de un año después repite la experiencia con una nueva producció...