"El jardín de los cerezos" en una extraordinaria versión, entre decadente y modernista, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente
Anton Chéjov retrató en El jardín de los cerezos (1904), la última de sus obras, a la que sobrevivió apenas unos meses tras su estreno, el inevitable choque entre dos mundos; uno viejo y caduco, convertido en sombra de lo que fue y ceniza a punto de desvanecerse, y otro pujante, osado e irrefrenable, nuevo, moderno. Este enfrentamiento, siempre presente, pero más acusado en los momentos históricos donde se han producido significativos saltos cualitativos en el tiempo, cambios de época, se mostró con toda su intensidad en el paso del siglo XIX al siglo XX. Chéjov dejó como testamento literario una de las obras que mejor han plasmado este conflicto sobre el escenario, personificado, por un lado, en las figuras de la ostentosa y espléndida -y arruinada- terrateniente Liuba Andreyevna Ranevskaia ( Carmen Conesa ) y su séquito de amigos pedigüeños, familiares y criados, que viven al amparo de quien no es ya más que un símbolo, incapaz de sostener económicamente su dispendiosa vida, de ...