"Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán", de María Goiricelaya, un texto y un montaje que abordan la inevitable realidad de la muerte en nuestra vida
Vivimos en una cápsula personal que nos hace creer que somos eternos, inmortales; hasta que la realidad, impulsada por el lento pero contumaz, inexorable -y un día amenazante- paso del tiempo se alza con toda su virulencia ante nosotros adoptando su verdadero nombre: la muerte. De esto y no de otra cosa trata Ni flores, ni funeral, ni cenizas, ni tantán , la obra escrita y dirigida por María Goiricelaya , que desde el 19 de febrero se representa en la sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía . No recuerdo haber visto expresados nunca, con tal realismo, con tanta elegancia y crudeza al mismo tiempo, la agonía, la angustia, el dolor, la impotencia que supone para una familia, y para cualquier persona, asistir a los últimos momentos de vida -meses, semanas, días, horas- de alguien muy cercano y querido, y el modo en que uno mismo afronta tan definitivo, radical y certero final. María Goiricelaya ha sabido transmitirlo, en un montaje vestido con el lenguaje de la moder...