Impactante adaptación teatral de la novela "Invisible", de Eloy Moreno, en un brillante montaje dirigido por José Luis Arellano


Hay obras correctas, buenas, muy buenas, incluso excelentes, pero pocas veces puede aplicarse el calificativo de impactante y perfecto a un producto artístico, escénico, como el estrenado hace un par de días en la Sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía. Dirigido por José Luis Arellano, este montaje de la adaptación realizada por Josep Maria Miró de la novela Invisible (2018), de Eloy Moreno, es una muestra magistral del arte de adaptar textos narrativos para el teatro y de ponerlos en escena.

Con un elenco marcado por su juventud, como es propio -y seña de identidad- de los montajes de la compañía LaJoven, Arellano ha conseguido crear una obra marcadamente dramática, plena de ritmo e intensidad, que transcurre con una fluidez asombrosa, llena de verdad y giros escénicos de absoluta originalidad y singular efecto. Apoyado en un equipo artístico de sobrada solvencia, su montaje nos adentra en un ambiente opresivo, angustioso, que contrasta con los espacios normales donde la historia del protagonista, Invisible (Javi Morán), se desarrolla -su casa, la calle, el aula y los pasillos del instituto...-; recreados con una estética contemporánea a la que da forma la sugerente y funcional escenografía diseñada por José Luis Raymond y Laura Ordás, que juega con la abstracción y el minimalismo, a partir de las formas y el uso de un atrezo lo suficientemente real -al igual que el vestuario diseñado por el propio Raymond y Laura Forero- como para situarnos en el lugar preciso en cada momento. Importante y destacado papel tienen, en la creación de los distintos espacios y ambientes, la iluminación, a cargo de Jesús Díaz Cortés, y el trabajo videoescénico de Álvaro Luna.

La obra Invisible aborda el tema del acoso escolar, a partir del caso de un adolescente llevado al límite de su aguante y de sus fuerzas, así como de su humillación y su alienación como ser humano, que lo conduce a la soledad y al silencio, y al deseo de desaparecer, ya sea con la capacidad de hacerse invisible -superpoder que cree haber adquirido, entre otros, tras haber sido picado por un enjambre de avispas- o, si es necesario, quitándose la vida.

Señalado frente a los demás por destacar como buen estudiante, Invisible se convierte en el objeto de desprecio y rencor -y de una envidia mal digerida- de MM (Marcos Pérez), el habitual "matón" de la clase, tras haberse negado a pasarle su ejercicio en un examen. Ese es el inicio de una persecución obsesiva hacia este, que, incapaz de parar a tiempo a causa del miedo, no se detendrá -máxime después de verse humillado en público el acosador, por una profesora (Mabel del Pozo) consciente de lo que está ocurriendo- hasta que ocurre el fatídico suceso que desencadena el comienzo de esta historia. Una historia "relatada" y dramatizada haciendo uso de una analepsis que, desde la escena inicial, nos conduce al origen y desarrollo de todo lo sucedido.

Pero junto a la figura del acosador, ese "villano" al que nuestro anónimo antihéroe es incapaz de hacer frente, quedan al descubierto todos los cómplices -directos o indirectos- de aquel, bien por actuación directa bien por omisión del deber de ayudar a quien se sabe perseguido. Este es el caso de Zaro (Juan Acedo), incapaz de intervenir ante lo que está ocurriendo, a causa del mismo temor que padece su amigo; o Kiri (Iballa Rodríguez), que no solo no ayuda, sino que siente en sí misma la vergüenza de ver a la persona que quiere como un cobarde. El discurso final de Invisible, dirigido al espectador, lo deja claro: todos somos culpables de mirar hacia otro lado, por desinterés o por miedo, ante el acoso de un ser humano, o de cualquier otra injusticia. Todos somos responsables de evitar el mal que nos rodea. Incluso el propio acosador es una víctima necesitada de ayuda.

Es esta una obra cargada de contenido, y con un mensaje muy claro, construida admirablemente, sin desatender en modo algunos los aspectos formales y estéticos -artísticos, en definitiva- del espectáculo. Una obra teatral excelente, que cubre todos los aspectos que dan sentido y necesidad al hecho teatral, y que muestra en escena, junto a todo lo ya mencionado, un brillante trabajo actoral a cargo de cuatro jóvenes intérpretes de enorme talento: Juan Acedo, Javier Morán, Marcos Pérez e Iballa Rodríguez, que comparten escenario con una soberbia Mabel del Pozo que realiza, al igual que Morán -sin menoscabo de los restantes, todos magníficos-, una actuación espectacular, digna de premio.

Poco más resta por decir. La adaptación teatral de Invisible es, a nuestros ojos, uno de los acontecimiento teatrales de esta temporada, tanto por la calidad de su puesta en escena como por el tema abordado y el contundente modo de hacerlo. Obra que debería ser de asistencia obligada para alumnos de colegios e institutos, lo es asimismo para cualquier clase de público, por la visibilidad que da a una realidad a la que nadie es ajeno, extrapolable a otras muchas situaciones de nuestro día a día con las que convivimos. Una obra de concienciación social, muy bien hecha, que no puede dejar indiferente

Invisible permanecerá en la Sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía hasta el 5 de abril. Háganse un favor y vayan a verla. 

José Luis González Subías


Fotografías: Ilde Sandrin

Comentarios

  1. He visto la obra en su estreno en Málaga y estoy de acuerdo con todo lo dice el artículo. Obra obligada para cualquiera que le guste mínimamente el teatro y para para todos los adolescentes

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