"Los farsantes" culmina su estancia exitosa en el Teatro Valle-Inclán, con una lección de lo que es hoy el mejor teatro moderno español
En el momento que escribo esas líneas estará dando comienzo, en el Teatro Valle-Inclán de Madrid, la última función de Los farsantes , la nueva obra de Pablo Remón , dirigida por él mismo, que, desde su estreno el ya lejano 29 de abril, no ha dejado indiferente al numeroso público que ha disfrutado de esta sobresaliente propuesta escénica coproducida por el Centro Dramático Nacional. De nuevo un espectáculo de dos horas y media trató, el pasado sábado, de medir nuestras fuerzas e interés como participantes espectadores -y expectantes- del rito teatral; y superó la prueba con éxito, demostrando que, con un estratégico intermedio en mitad de la función (hay que recuperar las buenas costumbres de quienes nos precedieron en el gusto y la práctica de este bienhadado arte), y un producto merecedor de su atención -lo bueno tiene la facultad de acelerar el tiempo, a la par que lo detiene-, el público de nuestros días es tan capaz de afrontar los largos metrajes escénicos ...