Anabel Alonso da vida a la palabra de Simone de Beauvoir, en "La mujer rota", un trabajo dirigido por Heidi Steinhardt
Quienes me conocen y me han leído saben que muchas veces me he confesado poco adepto a las adaptaciones teatrales de obras literarias nacidas con otros fines -para ser más concreto, no escritas para ser representadas, sino leídas-; tampoco muy amigo de los monólogos, salvo que estos formen parte de una pieza más amplia -en cuyo caso me resultan fascinantes- o se utilicen en piezas de corta extensión. Vamos, lo que en otro tiempo se llamaron "escenas unipersonales". Dicho esto; reconozco haber presenciado adaptaciones escénicas de novelas, diarios, obras poéticas, biografías... cuyos resultados, gracias a la habilidad de un buen dramaturgo encargado de tal traslación genérica o de un acertado director -preferiblemente ambas cosas-, han sido espectacularmente buenos. Otras veces, por el contrario, la dificultad de hablar en un código que no es el propio ni adecuado para una determinada obra artística ha dado como resultado productos escénicos insufribles para el espectador . N...