Calderón de la Barca regresa al Teatro de la Comedia con "El escondido y la tapada", en una versión de Carolina África dirigida por Beatriz Argüello


La nueva promoción de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico acaba de estrenarse, en su sede del Teatro de la Comedia, con una comedia de Calderón de la Barca hasta ahora nunca representada por esta institución garante de la conservación y divulgación de nuestro patrimonio clásico: El escondido y la tapada (1636), pieza de nuestro insigne dramaturgo barroco perteneciente al grupo de comedias de enredo escritas por este, siguiendo la estela de La dama duende -a la que se menciona en el texto-, en la línea asimismo de El galán fantasma o Casa con dos puertas mala es de guardar. El único montaje que recordamos de esta obra se remonta al de Manuel Canseco de 2002, por lo que se trata de una excelente oportunidad para ver en escena este texto del Calderón comediógrafo, a la altura de otras grandes comedias de su tiempo, que tiene la capacidad de sumar al enredo una intriga, no exenta de misterio, capaz de aportar a la trama muchas posibilidades escénicas.

Posibilidades que Beatriz Argüello ha utilizado en este más que correcto montaje de la pieza, arreglada para la ocasión por Carolina África, en un tándem perfecto entre ambas que ha sabido captar y expresar con claridad el sentido de la obra y sus múltiples recursos cómicos, puestos al servicio de un elenco que ha superado con nota esta su primera prueba conjunta en el escenario.

Un galán (don César) escondido en un habitáculo oculto tras un espejo, en la vivienda de una dama (Celia) de la que llegará a ser esposo; otra dama (Lisarda), a cuyo hermano ha dado muerte, y a la que ha seguido hasta Madrid sintiéndose enamorado de ella; un criado lleno de chispa, desparpajo y donaire (Mosquito) -digno predecesor del criado que toma su nombre en El lindo don Diego-; el hermano militar de Celia (don Félix), llegado de Italia ante el aviso de que se halla en peligro el honor familiar; don Juan, amigo del citado y prometido de Lisarda; don Diego, padre de esta; y otros personajes diversos -criadas y criados- al servicio de la trama, que, como no puede ser de otro modo, se resolverá felizmente, tal y como corresponde a una comedia destinada a la diversión. Lo interesante reside siempre en el medio utilizado para solucionar el conflicto y alcanzar dicho desenlace.

El montaje, dirigido con pulcritud y acierto por Beatriz Argüello, ha contado con un equipo artístico de lujo, habituado a este tipo de obras; desde Alessio Meloni, que ha ideado una escenografía móvil sumamente práctica y efectiva, capaz de reproducir los múltiples espacios donde se desarrolla la acción, a Ikerne Jiménez en el diseño de vestuario o David Picazo en la iluminación.

Pero el foco de interés recaía en esta ocasión en el debut de la séptima promoción de la JCNTC; un grupo de seis actores y seis actrices que salieron al escenario dispuestos a darlo todo, como así hicieron. No quiere esto decir que estos doce jóvenes intérpretes sean noveles en el arte dramático. En absoluto. Seleccionados entre centenares de actores que anhelaban formar parte de este escogido grupo de artistas, a la mayoría de ellos ya los habíamos visto sobre el escenario con anterioridad -sus nombres figuraban ya en La última bambalina-, en montajes de muy alto nivel y en grandes teatros. Sam Arribas y Julio Montañana Hidalgo bordaron sus respectivos papeles de galán y criado -mostrando este último excelentes dotes para la comedia-, como lo hicieron Belén Landaluce (Lisarda) y Zoe da Fonte en calidad de damas; Jordan Blasco (don Diego), Gabriel de Mulder (don Juan) y Luis Espacio (don Félix) interpretaron con corrección sus papeles de galanes y caballeros; al igual que Laura Ferrer (Beatriz), Diego Garisa (Castaño), Anna Nácher (Octavia), Andrea Real (Inés / Lavinia) y Andrea Ramos (Otáñez), como acompañantes y confidentes de la historia vivida por los señores.

Nos pareció un gran acierto el uso de capas con capucha empleadas por los personajes en buena parte de la obra, representativas del juego de ocultación y confusión de identidad que se utiliza en esta como base del enredo, y que permitieron en algunos momentos crear escenas de gran belleza y plasticidad; como la incluida al inicio del espectáculo, en la que los personajes se mueven cual si remedaran el coro de una tragedia griega. También la escenografía nos pareció excelente, así como la efectividad, el ritmo y el ingenio con que la directora ha sabido desarrollar la historia; o incluso el modo de decir el verso -con la eficaz asesoría de Ernesto Arias-, que, si bien muestra ciertos lunares en algunos actores, en general está dicho con corrección.

Es, en definitiva, esta excelente versión de El escondido y la tapada de Calderón, firmada por Carolina África y dirigida por Beatriz Argüello, una magnífica carta de presentación para esta séptima promoción de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico que apunta muy buenas maneras, y estamos seguros de que nos proporcionará buenas ocasiones para seguir disfrutando de ese teatro clásico que tanto nos gusta y representa. Por lo pronto, podrán verla hasta el 26 de abril, en el Teatro de la Comedia. Merece la pena.

José Luis González Subías


Fotografías: Mauro Testa

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