Una historia de amor, vampiros y suspense sexi, en el "Drácula" de Ramón Paso


Hace tiempo que Ramón Paso nos ganó para su causa. Entre las numerosas producciones teatrales que se ofertan anualmente en la cartelera madrileña, no resulta fácil distinguir voces con un sello tan original y personal como el suyo. Inconfundible tanto en la concepción del discurso dramático como en la estética de sus montajes, marcados siempre por un tono conversacional, provocador e irreverente, el prolífico dramaturgo y director madrileño ha sabido crear un estilo propio que lo distingue; incluso cuando aborda proyectos en apariencia tan alejados del tono gamberro, cínico y humorístico que domina el grueso de su producción como este Drácula. Biografía no autorizada, última de sus creaciones, que desde el pasado 9 de enero se representa en la sala Guirau del Teatro Fernán Gómez de Madrid.

Desde que Bram Stoker, a finales del siglo XIX, diera forma definitiva al personaje, la inquietante y atractiva figura de Drácula, y el mito del vampiro, han sido llevados con frecuencia al cine y a la escena -recuérdese, en España, el estreno del Drácula de Ignacio García May, en 2009, o el de la pieza homónima de Hamilton Deane y John L. Balderstorn, dos años después-. A esta tradición viene a sumarse la propuesta de Ramón Paso, escrita con la pretensión de homenajear -según confesión del autor- un tipo de literatura que le gusta y le ha hecho pasar grandes momentos, pero -y es aquí donde Paso es más Paso- también "un homenaje a todo lo salvaje, a lo prohibido, a lo que no se puede decir". Para ello el dramaturgo, partiendo de la novela de Stoker y otras varias fuentes, entre las que puede reconocerse a Polidori, Le Fanu y, de manera especial, Entrevista con el vampiro de Anne Rice, construye una historia alternativa sobre la vida de Drácula, partiendo de un final distinto al dado por el escritor irlandés a su relato, que el dramaturgo utiliza como justificación de cuanto sucederá después.

Haciendo uso de una estructura circular que explica y justifica la supervivencia de Drácula hasta 2020, en que este oculta su identidad convertido en una estrella del rock a la que una periodista muy especial pretende entrevistar, la trama ideada por Ramón Paso se construye con retazos de momentos y episodios interconectados entre el pasado y el presente, que si bien generan cierta confusión inicial, terminan cobrando pleno sentido en el transcurso de la acción. Los personajes de la tradición literaria asoman a lo largo de la historia... Mina (Inés Kerzán), Jonathan Harker (Jordi Millán), Lucy (Ángela Peirat), el americano Quincey P. Morris (Guillermo López-Acosta), el doctor Seward (David DeGea), Alisande Renfield (Ana Azorín), el profesor Van Helsing (Juan Carlos Talavera) y su esposa Sarah (Ainhoa Quintana)... junto con otros muchos figurantes de un rico puzzle de sensualidad, juego y deseo, donde el amor se erige en motor primero y necesario de toda la pieza. La cercanía de la muerte y el horror vampiresco no pueden ocultar la poderosa y humana belleza de una fuerza muy superior, la de un amor más allá de los siglos y de la vida que triunfará y dará la paz, definitivamente, al vampiro. Un final "feliz", al estilo de Paso.

El ritmo imprimido por Ramón Paso, director asimismo del montaje, a una historia que adolece quizá de una excesiva extensión, permite que durante más de dos horas el público siga con interés y deleite una puesta en escena a la que no se ha privado de espectacularidad, movimiento e intriga; y donde cobra de nuevo especial protagonismo ese punto sexi que el autor aporta a sus obras -como "historia de suspense sexi" la ha definido-, propiciado por el siempre impecable trabajo de las que han sido ya bautizadas como "chicas Paso", cuya picante y descarada sensualidad asoma junto a sus afilados colmillos. Inteligente y funcional escenografía la ideada por María Fernández, capaz de insinuar los múltiples espacios donde se desarrolla la acción gracias a un ingenioso juego de alturas conseguido con una plataforma accesible elevada en el centro del escenario, junto con una estructura circular polivalente empleada en numerosas escenas; al igual que el vestuario con que se viste la historia, que oscila entre el sabor de época y la actualidad.
         
Acompañan al dramaturgo y director en su aventura rostros habituales en las producciones de la compañía PazoAzorín; a los que se suman Lorena de Orte (Erzsébet Bathory), Laura de Isla  (Mircalla de Karstein), Juan Carlos Talavera, que realiza un magnífico Van Helsing, y Jacobo Dicenta que da vida a un Drácula más que creíble, capaz de transmitir la fuerza, sensibilidad y capacidad seductora de un no muerto atormentado por el remordimiento y la pena. Inés Kerzán, Ángela Peirat, Ainhoa Quintana Ana Azorín -a la que nos cuesta ver lejos de su singular e inconfundible registro cómico, en el que es única-, realizan un trabajo impecable en sus correspondientes papeles; al igual que los "chicos" del elenco, representados, junto con los ya citados, por Jordi Millán, David DeGea y Guillermo López-Acosta. Un total de once actores perfectamente orquestados por la mano diestra de Paso, que realizan un excelente trabajo individual y como equipo.

Drácula. Biografía no autorizada, de Bram Stoker y Ramón Paso, seguirá representándose en el Teatro Fernán Gómez de Madrid hasta el próximo 9 de febrero.

José Luis González Subías

Fotografías de escena: Javier Camporbin

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