"El tratamiento" de Pablo Remón para la escena: comedia, realismo, introspección y sensibilidad con un lenguaje de nuestro tiempo


Son ya varias las obras que Pablo Remón (Madrid, 1977) ha escrito y dirigido para la escena (forma parte de esa escuela de autores que asumen la responsabilidad de dirigir sus propios textos sobre el escenario), desde que se lanzara al ruedo escénico hace cinco años con su recién creada compañía La_Abducción, cuyos integrantes han recorrido en este tiempo una sólida y brillante trayectoria, con trabajos de muy alta calidad. Ya tuvimos ocasión de comentar en este blog ("Pablo Remón, un dramaturgo para una España tragicómica", 13 de mayo de 2018), una de sus últimas creaciones, Los mariachis, donde expresamos nuestro admiración por un dramaturgo que consideramos una de la voces más auténticas y personales (sus obras tienen un sello inconfundible, al que contribuye el elenco habitualmente estable de actores que las interpretan) de la última escena española, y nos satisface haber comprobado ayer, en El Pavón Teatro Kamikaze, lo acertado de nuestras valoraciones y expectativas.

Presentada el pasado 9 de marzo en el Teatro Palacio Valdés, de Avilés, y estrenada pocos días después en El Pavón Kamikaze, donde se mantuvo hasta el 8 de abril, el pasado 19 de junio regresó a esta sala madrileña El tratamiento, otra de las últimas producciones de Remón, que vuelve a estar interpretada por el grueso de los miembros de su compañía (Ana Alonso, Francisco Reyes y Emilio Tomé), a los que se suman Bárbara Lennie y Francesco Carril; algunos de cuyos nombres hemos tenido ocasión de citar otras veces en La última bambalina, a lo largo de este primer año de vida que acabamos de cumplir.

La historia gira en torno a un guionista frustrado (Francesco Carril) que trata de llevar al cine una película sobre la Guerra Civil y acaba transformando esta en un desaguisado comercial infumable, con ovnis y alienígenas incluidos. En su camino hacia el triunfo ("surgiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cimas de la miseria", decía Groucho), guiado por un director y una productora sin escrúpulos, tan vendidos al sistema como él mismo, llegará a renunciar a sus sueños de ser escritor a cambio de unas migajas de éxito de las que, en el fondo, sentirá vergüenza. En este recorrido, asistiremos a la reconstrucción retrospectiva de momentos fundamentales en la vida del personaje; desde su propia concepción, sus primeros años de vida, el posterior abandono por el padre, su obsesión desde pequeño por el Titanic, su pasión adolescente por Héroes del Silencio o ese primer amor que quedó en el recuerdo. La obra está formada por un conjunto de numerosas escenas encadenadas, desarrolladas por el dramaturgo con un gran sentido del ritmo escénico, alternando el dinamismo y la comicidad de muchos momentos con otros de intencionado reposo y hondura; marcados por una permanente sensación de verdad, a veces vestida de humorismo. El hombre (como entidad presente, real) es el objeto de interés de Pablo Remón, quien indaga en su existencia sin dramatismos, pero sin arrebatar su merecida seriedad a la tragicomedia de la vida, mostrándonos un rostro que percibimos como muy reconocible y cercano, en el que nos sentimos retratados.

Excelente el planteamiento escenográfico de Mónica Boromello, cuyo trabajo elogiamos asimismo en Los mariachis, que otorga a la sencillez funcional una verdadera dimensión artística; y, en consonancia con lo que consideramos una dirección escénica impecable, quisiéramos destacar de nuevo el trabajo de los cinco actores que intervienen en el reparto. De todos ellos, solo Ana Alonso y Bárbara Lennie no habían pasado aún por el "dictamen" de nuestra bambalina, y se estrenan con un rotundo sobresaliente. Por lo que respecta a Francisco Reyes y Francesco Carril, cuyo trabajo sobre el escenario hemos destacado en otras reseñas, consideramos que se llevan la palma en esta ocasión, ofreciéndonos respectivamente quizá la mejor de las siempre lúcidas actuaciones en que los hemos visto. En cuanto a Emilio Tomé, idóneo para el tipo de personajes que pueblan las comedias de Pablo Remón (donde también lo hemos visto con anterioridad), es el actor que todo director querría para sus montajes, dada su solvencia y seguridad en escena.

Un sobresaliente elenco de actores, en definitiva, para una de las comedias más interesantes del repertorio teatral de esta temporada que ahora finaliza. Quienes aún no hayan probado El tratamiento de Pablo Remón podrán hacerlo hasta el próximo 15 de julio en El Pavón Teatro Kamikaze.

Fotografías: Vanessa Rabade

Comentarios

Entradas populares de este blog

De Marlowe a Shakespeare, pasando por Marlowe

"El perro del hortelano" o el noble arte de hacer vivo a Lope en el siglo XXI

Lorca, puro teatro, a partir de sus cartas y su poesía