"Azul", de Antonio M. López, primer montaje de la compañía Hijas de Maritornes, dirigido por Rakel Camacho y Jorge Kent
No queríamos dejar pasar la oportunidad de hablar, siquiera muy brevemente, de un montaje que ayer se despidió de la cartelera madrileña (esperamos que solo por el momento) tras haber dejado muy buenas impresiones en quienes han tenido la oportunidad de disfrutarlo en su escasa andadura en la Sala Cuarta Pared, donde se estrenó el pasado 12 de septiembre. Nos referimos a Azul, "breve epopeya de un ojo entre la vida y la muerte" con la que Rakel Camacho y Jorge Kent inician su personal aventura al frente de una compañía teatral propia: Hijas de Maritornes.
Bajo la dirección de estos dos acreditados profesionales de nuestra escena, cuyo merecido prestigio los precede, este singular texto escrito por Antonio M. López aborda un tema de absoluta actualidad, basado en hechos reales (la pérdida de un ojo de una manifestante, a causa de una bala de goma lanzada por los antidisturbios), que podría habernos llevado al teatro documento o un tipo de obra, de signo combativo, marcadamente realista. No quiere decir que el Azul de Antonio M. López no sea una obra comprometida, en modo alguno, más bien al contrario; pero su voz no se alza desde un posicionamiento absoluto y dogmático para denunciar con dedo acusador en una dirección inamovible, sino que, partiendo de una historia que adopta, desde el instante mismo en que un ojo se erige en narrador -adornado con la inconfundible y sincera voz de Carlos Hipólito-, una deriva onírica e irreal que nos acerca a un universo surrealista de enormes valores significativos y estéticos.
La limpia mirada de este ojo escrutador de cuanto lo rodea se adentra en las vidas de todos los personajes que participan en la historia, observando en su interior para exponer los rincones más ocultos de sus frágiles e inseguras vidas, sus temores, esperanzas y deseos... que, en una suerte de superación catártica, aflorarán en la escena mostrando su desnudez más sensual, retadora y provocativa.
Si la historia dramatizada y los temas que plantea, así como su modo de hacerlo, nos resultaron interesantes, nuestro principal interés no tardó en dirigirse a la puesta en escena planteada por Rakel Camacho y Jorge Kent, que en cierta medida nos hizo recordar el universo estético de Francisco Nieva y esa Coronada y el toro que ambos compartieron no hace aún dos años. Una lección de ingenio, precisión y dominio escénico se observa a lo largo de los setenta minutos que dura un montaje de recursos escenográficos y ambientales básicos -muy bien empleados-, donde la luz y la videocreación, a cargo de Mariano Polo y Elena Juárez respectivamente, ocupan un importante papel.
Pero más importante y destacable a nuestros ojos es el impecable y sobresaliente trabajo actoral de Jorge Kent, Raquel Arroyo -excelente dominio corporal y destacables sus creaciones coreográficas-, Nuria López y Marta Megías; a los que debemos añadir la imprescindible colaboración de Carlos Hipólito como intérprete ausente cuya voz nos guía en tan singular peripecia escénica.
Disfrutamos y seguimos con interés este trabajo, a la altura de cualquier producción de nivel. Hijas de Maritornes ha iniciado con muy bien pie su andadura, y esperaremos con gusto sus próximos proyectos. Por lo pronto, si este Azul (Breve epopeya de un ojo entre la vida y la muerte) vuelve a representarse, no se lo pierdan. Merece la pena.
José Luis González Subías
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