"Las asambleístas" irrumpen en el Teatro La Latina a ritmo de comedia bufa y music-hall


Tras el exitoso paso de La comedia de los errores por el Teatro La Latina, desde hace un par de días ocupa su lugar una nueva comedia de ambientación también clásica, que ha realizado un largo periplo desde su estreno en el Festival de Mérida de 2023, hasta recalar en este emblemático teatro del corazón de Madrid, dirigido por Jesús Cimarro, donde podrá verse hasta el 13 de octubre.

Las asambleístas (las que tropiezan) es una particular versión, absolutamente actualizada, de la comedia de Aristófanes, que ya en el siglo IV a. de C. era suficientemente subversiva y descarada, al proponer una revuelta o conspiración de las mujeres -aspecto acentuado en la obra que ahora se representa, desde una perspectiva de género manifiestamente feminista-, en una línea no alejada de la Lisístrata del mismo autor. José Troncoso ha sido el encargado de remozar esta simpática obra que promulgaba en su tiempo una especie de protocomunismo impulsado por un grupo de mujeres que irrumpen en la asamblea ateniense disfrazadas de hombres, con la intención de promulgar unas nuevas leyes que cambiaran el orden social y lo condujeran a un mundo más justo. Esta dimensión igualitaria de la obra, que defiende la común posesión de todas las propiedades entre los ciudadanos libres de Atenas, entendiendo por tales también a las mujeres, dota asimismo a la pieza de esa dimensión feminista, que el dramaturgo y director gaditano ha potenciado en una versión que ha querido y sabido llevar a su terreno, convirtiéndola en una suerte de chirigota desenfadada y muy descarada cuya finalidad no es otra que hacer reír, al tiempo que se lanza una decidida proclama en defensa de los derechos de la mujer.

La deconstrucción a la que el autor de este remake ha sometido a la vieja comedia griega afecta no solo al argumento y a su finalidad, sino de manera visible a un texto versificado cuyas ripiosas y fáciles rimas solo pueden entenderse desde la perspectiva burlesca con que han sido construidas. No busquemos, por tanto, calidad literaria en una obra no concebida para tal fin; tampoco lo hagamos en la hondura de los personajes ni de los temas abordados, tratados tópicamente, abundando en lo que se espera y asume por parte de cuantos participan del juego festivo y distendido del espectáculo. Mucho de varietés y de revista se aprecia desde el comienzo mismo de la función -y en este sentido, cumple satisfactoriamente su cometido-, tanto en el vestuario empleado -especialmente el de la diosa Némesis (Maribel Salas), convertida en una vedette tan risible y humana como el resto de personajes- como en la iluminación (diseñada por Juan Gómez Cornejo), los números musicales (obra de Mariano Marín, con coreografía de Nuria Legarda) y esa escenografía diseñada por Alessio Meloni que reproduce las grandes escaleras por las que subían y bajaban las grandes damas de la revista musical española.

Con frecuencia afloraba el recuerdo a Lina Morgan en el trabajo de unas actrices -toda la obra está representada por mujeres- que, cada una desde su peculiar idiosincrasia como intérpretes, participan de un mismo espíritu caricaturesco y bufón en el modo de afrontar sus personajes, tal y como habría hecho en su momento la indiscutible reina de la comedia frívola española de hace escasas décadas -máxime, hallándonos en el que fuera su templo-. Es este, sin la menor duda, el aspecto más destacable de un espectáculo que otorga todo el protagonismo a sus seis intérpretes, que realizan un fantástico trabajo sobre el escenario, perfecto en su género: Silvia Abril, Gabriela Flores, Rocío Marín, Maite Sandoval, Maribel Salas y Pepa Zaragoza.

José Troncoso, haciendo gala de su experiencia como director en estas lides, imprime al espectáculo la coherencia y el ritmo necesarios para mantener el interés, sin perder en ningún momento su objetivo y jugando con los muchos recursos humanos y técnicos puestos a su disposición, que sabe utilizar y de los que obtiene un óptimo rendimiento. El resultado conjunto es el de una comedia subida de tono, apta para todos los públicos de cierta edad, sin otras expectativas -más que suficientes, por otra parte- que las de divertir y remover conciencias, pero siempre desde el distanciamiento que ofrece la procaz chocarrería cómica.

Las asambleístas (las que tropiezan) permanecerá en el Teatro La Latina hasta el 13 de octubre. Un buena manera de comenzar el otoño vistiendo de humor nuestros mejores deseos y tiñendo de seriedad hasta lo más bufo.

José Luis González Subías


Fotografías: Enrique Cidoncha

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