"1936", la exitosa fórmula de un shock teatral dirigido por Andrés Lima


1936... Con tan explícito título se presenta la gran producción que el Centro Dramático Nacional estrenó en el Teatro Valle-Inclán el 29 de noviembre, y que durante todo este mes ha llenado la sala con un éxito absoluto. El mismo que alcanzó ayer, en una función que puso a todos los espectadores en pie para ovacionar lo que, a nuestros ojos, es posiblemente el mejor montaje escénico que hemos visto en 2024.

El subtítulo con que se presenta la obra -"¿El año en que España entró en shock?"- nos prevenía ante lo que, a todas luces parecía ser una "secuela" del triunfo obtenido por sus creadores con Shock (El Cóndor y el Puma) (2019) y Shock 2 (La Tormenta y la Guerra) (2021); y nos hacía temer el encuentro con un espectáculo que no aportara nada nuevo y cayera en la repetición de conceptos, ideas y recursos... solo que esta vez centrados en un periodo de nuestra historia, la Guerra Civil, mucho más cercano y cargado de resonancias, significados e implicaciones personales en los acontecimientos presentados en escena. Debemos decir que no nos equivocamos; pero para bien. Andrés Lima, a partir de una dramaturgia firmada por este y Albert Boronat, sobre textos escritos por ambos junto con Juan Cavestany y Juan Mayorga -¡póquer de ases!-, vuelve a dirigir un espectáculo que lleva el sello inequívoco de aquellos exitosos montajes, y a emplear prácticamente los mismos recursos escénicos empleados entonces. ¿El resultado? Milagroso de nuevo.

Lima vuelve a hacer magia sobre la escena
, creando un espectáculo que solo puede calificarse de perfecto. Un teatro total, que no deja espacio alguno para la monotonía y el aburrimiento; ni siquiera extendiéndose durante más de cuatro horas e incluyendo dos descansos. Lima y sus colaboradores han encontrado una fórmula que funciona; y, a pesar de ser ya conocida -como sucede en cualquier fórmula-, nos encanta y atrapa como el primer día. Esa fórmula mágica no podría funcionar sin el maravilloso equipo artístico que lo ha acompañado en este recorrido: Beatriz San Juan, encargada de la escenografía y el vestuario; Pedro Yagüe en la iluminación, Miquel Àngel Raió a cargo de la videocreación, y Jaume Manresa en la composición musical. Y de nuevo, como elemento inseparable de los anteriores, fusionado con la totalidad de los ingredientes que componen el espectáculo, asoma el talento, la profesionalidad, la experiencia y el buen hacer de un elenco actoral fabuloso, en estado de gracia. A Natalia Hernández, María Morales, Paco Ochoa y Juan Vinuesa, presentes desde el primer "shock" llevado a escena; a los que se sumaron Alba Flores, Antonio Durán "Morris" y Guillermo Toledo, en la segunda entrega; se añade ahora nada menos que Blanca Portillo, para compartir con los citados un trabajo conjunto soberbio e impecable. Todos brillan en cada uno de los numerosos personajes que interpretan en escena, acompañados asimismo por un generoso grupo de actores y artistas vocales -el Coro de Jóvenes de Madrid- que son mucho más que comparsas en el espectáculo.

Como producción teatral, 1936 es un modelo dentro de la categoría del denominado "teatro documento". Sus autores han pergeñado un recorrido dramático por la historia de la Guerra Civil española, mostrando con exquisito gusto estético las vicisitudes que condujeron a tan cruento enfrentamiento fratricida, deteniéndose en algunos de los hechos más señalados del proceso y la contienda, denunciando y mostrando con total desnudez los horrores y los crímenes de un conflicto armado que arrastró consigo miles de muertos y de víctimas, con la pretensión de homenajear y devolver la voz a los vencidos. Pues ese es el mensaje ideológico que subyace en un producto marcadamente explícito, que puede pecar de un posicionamiento excesivamente maniqueo en la utilización de unos hechos históricos en cuya interpretación y datos no toda la historiografía coincide. Más allá de este apunte, que no resta mérito alguno al valor del espectáculo, el resultado del montaje, como producto teatral, es inmejorable. La interpretación, el colorido y el movimiento escénico, la caracterización -excelente trabajo a cargo de Cécile Kretschmar- y los números musicales nos adentran en un mundo paralelo, y muy cercano a un tiempo, donde la realidad convive con absoluta naturalidad con el arte y con una ficción que sentimos viva y nos percibimos como parte de ella. 

Es, para concluir, 1936 uno de los más logrados espectáculos escénicos de este 2024 que acaba, cuyo éxito -avalado por la tarea imposible que resulta conseguir una entrada-, al que aún le queda mucho recorrido, estamos seguros se verá recompensado este próximo año con la concesión de los muchos premios que merece. Una cita ineludible aguarda a todo amante del teatro, del gran teatro, hasta el 26 de enero, en el Teatro Valle-Inclán. Más que recomendable, estrictamente necesario acudir a ella.

José Luis González Subías


Fotografías: Bárbara Sánchez Palomero

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