La compañía Kurasana se adentra en la indagación sobre la esencia misma del teatro en "Un público", de Álvaro Revuelta
Hace poco más de dos años tuvimos la fortuna de conocer el trabajo de Kurasana, una joven compañía que presentó en El Umbral de Primavera un espléndido trabajo teatral y una obra, Antártida, sobre la que vertimos merecidos elogios. Su autor y director, Álvaro Revuelta, ha vuelto a sorprendernos con una nueva propuesta que, con el sugerente título de Un público -de reminiscencias lorquianas-, se adentra en un camino muy trillado por el teatro experimental y más avanzado de otros tiempos, pero que todavía hoy, bien hecho -como esta compañía ha demostrado que sabe hacer-, puede aún ofrecer reveladores y atractivos momentos de teatro, como el que ayer presenciamos de nuevo en la emblemática sala independiente de la calle Primavera.
La propuesta dramática parte de una idea muy simple: ¿Qué ocurre si juntamos en una sala con sillas a una serie de personas que esperan que suceda algo que van a contemplar? Que inmediatamente se convierten en público; y el espacio, en un teatro. Todo cambia desde el mismo instante en que se atraviesa el umbral que separa "lo de fuera", de eso otro donde este grupo humano se ha reunido para presenciar algo. Esta especie de rito, al que se suman tanto actuantes -oficiantes- de la ceremonia y los acólitos que participan en ella desde una posición mayormente pasiva, pero receptores receptivos de un proceso -siempre distinto, siendo el mismo- imposible sin ellos, es diseccionado, analizado y vivido en esta nueva obra de Álvaro Revuelta, en un ejercicio metateatral del que hace al público partícipe, siendo este el objeto mismo del experimento y el espectáculo.
Lorca, Beckett o Pirandello vienen a nuestra mente, a medida que avanza la escasa hora de duración de una obra -gesto que agradecemos, partiendo de la premisa de Gracián- que no necesita más para decir mucho. No se busque un conflicto clásico como guía dramática de la historia, ni una historia en sí misma que pretenda establecer un desarrollo argumental; no hay otro desarrollo que el aquí y ahora de cuanto sucede en ese momento presente; es la propia situación la verdadera protagonista del espectáculo. Todo ello perfectamente engarzado por un texto de indudable valor literario (digno de ser leído) y guiado por la atenta y docta mano de un director que sabe muy bien lo que hace, lo que quiere hacer y cómo hacerlo. En esta ocasión, acompaña a Revuelta en la dirección Gabriela Burgos, a quien vimos como actriz en aquella Antártida anteriormente mencionada; y jugaron el papel de actores improvisados o personas actuantes -"cuerpos" en el texto-, en la función de ayer -el elenco es aleatorio entre once intérpretes-, Jaime Abengózar, Irene Revuelta, Lucas Lerín y Maher Chichakli, que nos ofrecieron un trabajo excelente.
Un público, quinta producción de la compañía Kurasana, que desde sus inicios en 2021 ha realizado un recorrido asombroso por su solidez y coherencia artística, mantiene la calidad y el rigor profesional mostrados en sus anteriores propuestas. Así lo confirma el lleno absoluto en cada una de las representaciones que han tenido lugar, desde su estreno el ya lejano 11 de octubre, en El Umbral de Primavera. Tres meses de ininterrumpido éxito, continuado en este que se acerca ya a su fin. Aún se anuncia una próxima función para el sábado 24 de enero. Una magnífica ocasión para acercarse al pintoresco barrio de Lavapiés, visitar esta acogedora sala alternativa y conocer el trabajo de una compañía con un magnífico presente y un prometedor futuro.
José Luis González Subías




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