Mariano Llorente adapta al teatro y dirige la novela de Alejandro Sawa "Noche", escalofriante relato anticlerical en torno al oscurantismo, la miseria y el sometimiento de la mujer


Una nueva adaptación -sí, han leído bien, adaptación- de una novela se representa estos días en el Teatro Español de Madrid; en concreto, en su sala pequeña, la denominada Margarita Xirgu. A quien les habla no le queda más remedio que tragar y callar ante esta avalancha que, en los últimos años, se ha impuesto en los escenarios españoles. Hoy el verbo de moda es adaptar. Y si se trata de una novela -a ser posible conocida y de éxito, lo que viene siendo un clásico, aunque no necesariamente-, mejor. Seguiremos esperando, con la confianza de que algún día pasará esta moda y volveremos a ver sobre un escenario obras originales escritas por dramaturgos; que haberlos, haylos; muchos, y no malos.

Alejandro Sawa
 (1862-1909) no es precisamente uno de los literatos más conocidos de nuestra literatura -de hecho, ni siquiera fue dramaturgo-. Su figura y su nombre, vinculados a la bohemia española finisecular, son hoy recordados casi exclusivamente por el anecdótico caso de haberse inspirado Valle-Inclán en este para crear su insuperable Max Estrella. Y, sin embargo, el Teatro Español le abre sus puertas con todos los honores, con el beneficio de la representación de una de sus no muy numerosas novelas, Noche (1888), en una adaptación de Mariano Llorente, dirigida asimismo por este. Bien está. Centrémonos, por tanto, en la calidad y el resultado del espectáculo teatral creado a partir de este texto, al margen de la intención de su autor al escribirlo y el género literario en que le dio forma.

Mariano Llorente ha sabido captar la esencia de una obra cargada de naturalismo y del espiritualismo reinante en una época imbuida de simbolismo y marcada por el decadentismo finisecular. Si bien, ese "espiritualismo" está teñido de connotaciones negativas, llevado por el autor al terreno de una crítica feroz hacia un catolicismo cuya presencia e impronta es muy fuerte a finales del siglo XIX. Desde un posicionamiento marcadamente anticlerical, Sawa -adaptado por Llorente- realiza en Noche un retrato despiadado e inclemente, marcadamente pesimista, de la sociedad en que vive. Un mundo enfermo y decrépito, hipócrita en sus valores, sometido a la injusticia social y a una férrea división de clases, donde la miseria, la necesidad y el hambre de muchos conviven con la fría y distante superioridad de unos pocos, retratados en los hijos desnaturalizados e inmisericordes del cesante don Francisco, y el depravado don Gregorio, sacerdote confesor de Lolita.

Pero junto a la hipocresía y la degradación moral, reflejada con toda su virulencia en la Iglesia y sus representantes, se pone de manifiesto en la obra, con toda crudeza, las duras condiciones de vida de una mujer sometida al hombre y a la desigualdad en un grado aún mayor. El pecado se extiende como una permanente amenaza sobre estas, al igual que una lujuria de la que son víctimas calladas y a veces consentidas con resignada aceptación.   

Llorente ha sabido crear un ambiente asfixiante, opresivo y miserable, que se extiende por todo el teatro, apoyado tanto en el vestuario diseñado por Almudena Rodríguez Huertas como en la realista, simbólica y funcional escenografía creada por Arturo Martín Burgos, la tenebrista iluminación diseñada por Ion Aníbal y el envolvente y artístico trabajo de videoescena realizado por Emilio Valenzuela.

Gran trabajo el de los tres actores que componen el elenco, formado por Àstrid Janer (Paquita), Alberto Jiménez (don Francisco) y Roser Pujol (doña Dolores), que supieron impregnar a sus personajes el patetismo necesario ante unas situaciones cuyo dramatismo oscilaba entre lo trágico y lo esperpéntico en ocasiones -el aire de Luces de bohemia asoma en algún momento en la pieza; especialmente en la figura del padre cesante, tanto en su actitud como en su atuendo-.

Es esta adaptación de la novela de Sawa una obra difícil, tanto en su forma como por su contenido; no apta para todos los paladares. Su dura conclusión deja un sucio regusto en el estómago y una sensación de disgusto, ajeno al excelente trabajo de los responsables artísticos del espectáculo. Noche, esta arriesgada apuesta del Teatro Español y Micomicón Teatro, dirigida por Mariano Llorente, permanecerá en la sala Margarita Xirgu hasta el 1 de febrero. Es cuestión de ir a verla.

José Luis González Subías


Fotografías: Javier Naval

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