Poncia-Lolita hace magia sobre el escenario en el Teatro Bellas Artes
Impecable todo cuanto vimos ayer en el Teatro Bellas Artes. Mucho habíamos oído hablar -y muy bien- de esta obra desde que fuera estrenada en el otoño de 2023, hace más de dos años, y ya nos tocaba ir a verla. No hay duda de que Poncia, la obra que Luis Luque ha sabido crear inspirándose en el personaje de la criada de Bernarda Alba, ha sido y es todo un éxito; lo que viene a ser un best seller escénico; y el mérito o causa de tal resultado se debe a una conjunción de factores que constituyen normalmente la fórmula perfecta -asumiendo que en realidad no la hay- para alcanzarlo, a saber: una cabeza de cartel cuyo solo nombre mueve numeroso público, un equipo artístico capaz de hacer magia con la escena, una dirección de probada efectividad y experiencia, y un texto de muy alto nivel.
Todo ello confluye en este espectacular monólogo que cumple las mejores expectativas y es un buen ejemplo de lo que, con los profesionales adecuados, este género -por el que confieso no sentir mucha inclinación- puede llegar a ofrecer. Comenzaremos por el texto escrito por Luque: exquisito, plenamente literario -en el sentido de no perder en ningún momento la "función poética" del lenguaje-, con un entramado lingüístico de ribetes lorquianos que remiten continuamente a aquel drama de mujeres en los pueblos de España creado por el autor granadino, pero que son otra cosa, una magnífica composición personal del escritor Luis Luque, responsable asimismo de la dirección de este perfecto engranaje artístico lleno de sensibilidad y emoción contenida. Porque nada chirría ni resuena de manera chillona en un drama serio, profundo, alejado de cualquier patetismo estentóreo y superficial.
Y esto lo consigue tanto la acertada mano del director como el poderoso y delicado trabajo interpretativo de Lolita Flores, que vierte sobre el escenario una lección de profesionalidad y de savoir-faire. La elegancia y estilización que caracterizan este montaje la tiene también esta gran artista, capaz de alcanzar y asumir los más variados registros en escena. Dueña de una gran voz, llena de presencia y personalidad, perfectamente modulada, Lolita nos arrastra y adentra en la historia que se esconde tras las paredes -y las mujeres- de la casa de Bernarda Alba, que percibimos y sentimos con toda nitidez. La imposición del silencio, el autoritarismo, la apariencia, el clasismo, los deseos contenidos y desbocados, la muerte... una amalgama de temas -todos estrictamente relacionados-, presentes en la obra de Lorca, afloran a través de las palabras de Poncia-Lolita-, en quien en ocasiones alcanzamos a ver a la propia Bernarda.
Delicadeza y exquisitez estética perceptibles asimismo en la bellísima escenografía diseñada por Mónica Boromello, con un dominio absoluto de una serie de telas blancas que cuelgan en el escenario recreando, imaginaria y poéticamente, el mundo y las paredes de la casa donde sucede todo. Su gracilidad y ductilidad permite recrear con ellas diferentes situaciones y espacios; a lo que contribuyen la excelente iluminación de Paco Ariza, y el bello y virtuoso trabajo musical de Luis Miguel Cobo. Por su parte, el vestuario diseñado por Almudena Rodríguez Huertas, sin perder esa ligereza y estilización estética que respira el conjunto del espacio, nos ancla con mayor intensidad en el drama y el mundo de donde nace todo, con un realismo de inequívoco corte lorquiano y rural.
Era difícil añadir nada nuevo u original a las voces que ya se han pronunciado con anterioridad sobre este montaje, más de dos años después de su estreno en el Teatro Español; y no sé si lo he hecho. En cualquier caso, queden aquí estas palabras, escritas tras asistir a la función 44.ª de la obra en el Teatro Bellas Artes, donde lleva representándose dos meses, con lleno absoluto todos los días. Si aún no lo han hecho y tienen ocasión, no dejen de ver Poncia, una obra que demuestra que lo comercial no es sinónimo de superficialidad, y en modo alguno está reñido con la calidad, siempre exigible y necesaria, que eleva el espectáculo a arte.
José Luis González Subías




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