"Todos los ángeles alzaron el vuelo", de la mano de La Zaranda; un espectáculo de vivos y muertos para muertos y vivos


Todos los ángeles alzaron el vuelo, anuncia el título de la nueva producción de La Zaranda, la compañía "inestable" y "de ninguna parte" más veterana del teatro español contemporáneo. Estrenada el pasado 8 de enero en Nave 10 Matadero, esta singular obra, marcada por la calidad y la originalidad de una propuesta alejada de cualquier viso de teatro comercial y acomodaticio, ha pasado por Madrid con las localidades agotadas todos los días, demostrando que el público sabe responder al buen teatro, sin necesidad de recurrir a adaptaciones de textos ajenos -esto es, historias surgidas de la imaginación de otros-, más o menos conocidos, para atraerlo.

La Zaranda lleva casi medio siglo demostrando que sabe hacer teatro, y del bueno; aquel que ofrece una perfecta sintonía entre forma y fondo, abordando asuntos de interés humano y social, incluso de trascendencia metafísica, utilizando una estética siempre alejada de lo convencional, a caballo entre el realismo más descarnado y un simbolismo que adopta la forma de la caricatura y el expresionismo esperpéntico.

Esta estética aflora de nuevo en Todos los ángeles alzaron el vuelo, una obra en la que resulta difícil identificar a unos ángeles vestidos con los harapos de la miseria, el sufrimiento, la degradación y la abyección humana. Prostitutas yonquis, chulos, expresidiarios y enajenados enfermos que citan a Shakespeare y a Dostoievski conviven, en un universo irreal y fantasmagórico, lleno de realismo. La voz de la denuncia, pero también de la comprensión, junto con la incomprensión de lo que no es aceptable, pareciendo resultar inevitable, se juntan en una obra poliédrica, de gran profundidad y muchos matices, que muestra una historia de supervivencia, de vidas perdidas y muerte liberadora, cuyos personajes -tan reales como los nacidos de los libros que sostienen la pieza- elevan sus alas hacia el creador de sus desdichas.

No sabríamos definir con exactitud qué es lo que hace La Zaranda; ¿un existencialismo de corte esperpéntico y esencia tragicómica? Lo cierto es que nos encanta. Nos seducen sus preguntas, sus dudas y sus anhelos; su comprensiva mirada hacia las miserias del hombre y su desdén hacia lo juiciosamente correcto. Todo es verdad en esa insuflada fantasía de atmósfera onírica que envuelve a sus personajes, interpretados por unos actores de enorme calidad, cuya desenvoltura sobre el escenario y su dominio técnico resultan asombrosos.  

Paco de La Zaranda
vuelve a dirigir con absoluta maestría un magnífico texto escrito por Eusebio Calonge, lleno de frases, reflexiones y afirmaciones dignas de ser revisadas en silencio. Un teatro que invita a la reflexión, pero que no pierde de vista en ningún momento a ese público vivo, presente, al que se debe, y al que van dirigidas cada una de las palabras, los silencios y el juego escénico de una obra que es también puro espectáculo visual y auditivo; en esta ocasión, con una estética donde el tenebrismo -ya presente en anteriores producciones de la compañía- se acentúa.

El propio Paco se hace cargo de una escenografía en realidad inexistente, marcada por un esencial atrezo con el que se construyen todos los variados espacios en que transcurre la historia; tan solo con un desvencijado somier, tan versátil como la oxidada silla ortopédica para evacuar, a los que el director convierte casi en personajes de la historia, unas mantas, un par de sillas playeras, una caja de cervezas y varios zapatos rojos de tacón. El vestuario de Encarnación Sancho completa la ambientación realista del montaje, con la salvedad de la vestimenta de plástico que cubre el atuendo de las dos prostitutas protagonistas -de un elevado componente simbólico- y la iluminación de Peggy Bruzual.

Mención especial merecen los cinco intérpretes de tan complejo y delicado espectáculo, que realizan un trabajo soberbio. Tanto los imprescindibles Francisco Sánchez -Paco de La Zarzanda-, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos como las actrices Natalia MartínezIngrid Magrinyá, que se suman al elenco con absoluto acierto, aportando esta última -excelente bailarina y coreógrafa- una bella y delicada nota de aérea fragilidad corpórea al conjunto.

Es, en definitiva, esta nueva entrega de La Zaranda, un regalo teatral que todavía podrá verse en Nave 10 Matadero, hasta este domingo 25 de enero. Un verdadero deleite para los sentidos y el intelecto, que recomiendo no perderse.

José Luis González Subías


Fotografías: Chuchi Guerra

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