Treinta años después de su estreno, "Rent", la ópera rock de Jonathan Larson, mantiene su frescura y la fuerza de un mensaje plenamente actual
Se inicia un nuevo año, y La última bambalina le da la bienvenida volviendo a la normalidad y retomando su actividad cotidiana, aún con el ritmo en el cuerpo y las melodías de Rent agolpándose en nuestra cabeza. No solo melodías; más bien un abanico de sensaciones y estímulos diversos, lanzados a nuestros sentidos en un rico collage policromo lleno de vitalidad y juventud. Eso y el estimulante contenido de una obra musical cuyo mensaje sigue hoy, treinta años después de su estreno, tan vigente como cuando Jonathan Larson (1960-1996) la concibió.
José Luis Sixto dirige y adapta esta nueva versión de un texto ligado inexorablemente a su autor, quien falleció la noche antes de su estreno. La vida -y la muerte- de Larson se hallan muy presentes en una creación que aborda, en definitiva, la lucha por la supervivencia en las calles de un barrio neoyorquino donde, en medio de la especulación inmobiliaria y la nueva amenaza del VIH, artistas sin recursos, prostitutas, yonquis y mendigos conviven.
La miseria y los sueños se tiñen de color y rebeldía en una ópera rock cargada de contenido social y reivindicaciones de hondo calado humano, que, como otros grandes musicales (Hair, Godspell, Jesucristo Superstar) de inequívoco espíritu hippie, alza las banderas de la fraternidad y el amor, como verdadero motor y salvaguarda frente a un mundo hostil donde el acto de vivir se convierte en una hazaña heroica.
La labor dramatúrgica de esta magna producción corresponde a Adrián Perea, responsable asimismo de la traducción del texto junto a la también adaptadora Andrea Rodríguez; mientras que la dirección, adaptación y arreglos musicales son obra de César Belda. Destacado papel tienen asimismo en el conjunto -uno de los mayores atractivos del espectáculo, junto a las composiciones originales de Larson y las interpretaciones en escena- las coreografías diseñadas por Analía González. Muy acertada la escenografía de Juan Sebastián Domínguez, lo suficientemente práctica y realista como para trasladar nuestra imaginación a esas calles y edificios de ladrillo y aspecto fabril, y transformar los espacios al servicio de la trama, apoyada en la iluminación de Juanjo Llorens o las videoescenas creadas por Andrea Ruiz Zorita. Mención aparte nos merece el excelente trabajo de maquillaje y peluquería, a cargo de Aarón Domínguez, y muy especialmente el fabuloso vestuario diseñado por Pier Paolo Alvaro y Roger Portal Cervera.
Pero, como no podía ser de otro modo, recae sobre el profuso elenco de intérpretes que dan vida a este gran espectáculo su principal mérito. Un total de diecisiete bailarines y cantantes, actores y actrices, despliegan y derrochan sobre el escenario sus dotes artísticas, en un ritmo escénico trepidante, hábilmente dirigido por José Luis Sixto, con momentos verdaderamente mágicos protagonizados tanto por el conjunto como por algunos intérpretes singulares, cuya actuación nos encantó. Nos gustaría destacar a la joven actriz, cantante y bailarina Candela Camacho (Mimí), y a la versátil y explosiva Carla Pulpón (Maureen Johnson), que se marcó una escena única, simplemente magistral; también la emotiva e intensa actuación de Tiago Barbosa (Tom Collins) ante el cadáver de Angel Dumott (interpretado por Adrián Amaya), la sobriedad escénica de Luis Maesso (Mark Cohen), la fuerza y verdad de Pascual Laborda (Roger Davis) o la profesionalidad y saber estar sobre el escenario de Begoña Álvarez (Joanne Jefferson) y Tatán Sellés (Benjamin Coffin). Los miembros de la compañía, con Nuria Torrentallé como capitana de danza, estuvieron impresionantes; como lo están los cuatro músicos que interpretan en directo la banda sonora y los temas de la pieza: César Belda (teclado), Alejandro Sánchez (guitarra), Arturo Ruiz (bajo) y Armando Capilla Delgado (batería).
Solo nos resta a animar a disfrutar de una ópera rock histórica, que cumple ahora su trigésimo aniversario. Rent, la obra maestra de Jonathan Larson, en un gran montaje dirigido por José Luis Sixto, permanecerá en la sala Guirau del Teatro Fernán Gómez hasta el 25 de enero. Merece la pena no perdérsela.
José Luis González Subías





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