Zalo Calero nos muestra el problema de la soledad no deseada en "Aplausos a Teresa", una delicada y divertida pieza llena de arte, emoción y verdad


Ayer volvimos a los Teatros Luchana para dejarnos sorprender por un nuevo descubrimiento teatral. No conocíamos aún el trabajo de la compañía Entre Comillas Teatro, pero a fe que nos ha dejado un buen recuerdo. Zalo Calero, a quien vimos recientemente como actor en la sala Tribueñe, interpretando un lucido papel en La gaviota de Chéjov, se nos ha descubierto como un buen autor y director de escena en Aplausos a Teresa; delicada, emotiva y simpática pieza estrenada en septiembre de 2025, dentro del festival Surge Madrid, que ha vuelto a los Teatros Luchana -tras su presentación en enero de 2026- para repetir el éxito obtenido en esta sala donde fue tan bien acogida hace un año.

Aplausos a Teresa
 es la historia de los sueños cumplidos solo en la mente, convertidos en un recuerdo tan real como la vida inexistente de quien no ha podido vivirlos. Pero también lo es, con el peso descarnado de una realidad cada vez más acuciante y presente en nuestra sociedad, el de la soledad de nuestros ancianos. El aumento de la esperanza de vida ha dejado al descubierto el vacío que les queda a quienes se quedan solos tras haber completado un ciclo vital que les deja desnudos frente a lo que queda de sí mismos, una vez perdidos los vínculos que les hacían sentirse vivos. Solo les queda un mundo construido con los recuerdos, que en la memoria se confunden fácilmente con la ficción.

Teresa (Marta Cagigal) quiso ser bailarina, una bailarina famosa que sostuvo un hermoso romance con el primero de los bailarines rusos; también quiso ser poeta. ¿O acaso lo fue? Lo cierto es que, tras perder a su esposo y, haber abandonado todo para dedicarle la vida a su hijo, este también se marchó lejos. Soledad... A sus setenta y ocho años, Teresa solo encuentra en July Wayarmina (Badia Albayati) la compañía y la comprensión que endulza su callada y silenciosa existencia. Esta también tiene su propia dramática historia -desde la alegría que concede la esperanza y el saber que se está realizando un sueño-, sus propios anhelos, el vacío de quien ha debido marchar lejos de su hogar y su familia para salir adelante, y anhela con fuerza el reencuentro con estos.

Calero ha sabido adentrarse en las intimidades del alma humana para ofrecernos una historia tierna, delicada, y tan profundamente vívida que nos deja un nudo en la garganta a quienes la contemplamos y hemos sido rozados de algún modo por sus páginas. Y lo ha hecho de un modo ameno, sabiendo dotar a su texto de una chispa de comicidad y un simpático desenfado que la excelente actriz Badia Albayati, en un extraordinario trabajo, encarna de manera insuperable. Pero también de arte. Toda la escena se desarrolla en un ambiente de premeditada estilización, donde el silencio convive con la armonía del gesto, el abrazo de la danza y una música que embriagan los sentidos. El contraste entre la locuaz y dicharachera Wayarmina ofrece un expresivo contrapunto frente a la callada Teresa, interpretada por una solemne Marta Cagigal, cuya intensa y contenida interpretación impregna de serenidad, angustia y verdad a la pieza.  

Delicadeza, respeto y buen gusto se dan la mano en este excelente trabajo artístico escrito y dirigido por Zalo Calero, que todavía podrá verse el próximo miércoles, 4 de febrero, en los Teatros Luchana. Preparen esos Aplausos a Teresa, que les aseguro son merecidos.

José Luis González Subías


Fotografías: Laura Torrado

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