"El nudo gordiano", de Johnna Adams, excelente drama psicológico dirigido por Israel Elejalde, con una brillante interpretación de Eva Rufo y María Morales


Con el sugerente título de El nudo gordiano se estrenó el pasado 10 de febrero, en el sala Margarita Xirgu del Teatro Español, la adaptación de Gidion's Knot (2012), inquietante drama psicológico de la autora estadounidense Johnna Adams, trasladado a nuestra escena por Paula Paz.

Hasta este momento no conocíamos la obra de esta importante dramaturga, con más de veinte piezas en su haber y reconocida con varios premios en su país. Todo un descubrimiento que nos sitúa, si todos sus dramas tienen la misma hechura que el que presenciamos ayer, ante una de las escritoras teatrales más impactantes y sólidas de la escena contemporánea. Drama de texto, al más puro estilo de los grandes dramaturgos en lengua inglesa del pasado siglo, que hoy mantienen vivo el arte de crear el suspense y la emoción en escena a través de la palabra y de una acción basada en intriga y el conflicto, las bases de la mejor literatura dramática de todos los tiempos. El texto de Adams compite en intensidad y fuerza dramática con dramaturgos contemporáneos de la talla de David Mamet o Philip Ridley, por poner algún ejemplo.

Esta excelente obra se nos presenta en un montaje no menos extraordinario, dirigido por Israel Elejalde. Cualquier trabajo que pase por las manos de este actor y director madrileño lleva su inconfundible sello de calidad; una forma peculiar de abordar la puesta en escena y la expresión dramática presididas por una verdad de marcada hondura y fuerza realistas, incluso en los personajes y situaciones más propicios para alejarse de ella. Y ese realismo y esa fuerza, reconocibles siempre cuando pisa un escenario, se manifiesta con toda intensidad en la dirección de El nudo gordiano, un texto a la medida de las dotes de Elejalde. La fórmula resulta perfecta.

La trama enfrenta en escena a dos únicos personajes, Corryn (María Morales), la madre de un niño de once años que acaba de suicidarse, Gidion; y Heather (Eva Rufo), la maestra de este peculiar muchacho al que iremos conociendo a medida que avance el diálogo entre ambas, que tiene lugar cuando la primera se presenta a una sorprendente reunión con la maestra de su hijo, en su aula, que esta en absoluto esperaba.

Cuanto pasa en ese espacio único donde transcurre toda la acción, que termina siendo asfixiante, en el angustioso tiempo que dura esta tensa entrevista -las unidades aristotélicas suelen cumplirse en estos dramas-, debe ser descubierto por quien desee adentrarse en una trama que aseguramos turbadora e inquietante, e irá ganando en emoción y tención a medida que esta avance.

La escenografía de Monica Boromello presta a la pieza el tono realista requerido, recreando una verdadera aula de colegio, con su correspondiente pizarra blanca y paredes plenas de trabajos y murales, en la que domina el color azul de la puerta, las mesas y las sillas. El realismo de la situación se completa con el vestuario de Sandra Espinosa y la iluminación de Paloma Parra, que realzará diversos momentos y escenas con la adecuada matización de la calidad e intensidad de la luz, jugando asimismo con las sombras. La iluminación, junto con otros efectos especiales, incluida la videoescena (a cargo de David González) y el sonido (Sandra Vicente), jugará un importante papel en el impactante final con que Elejalde culmina la obra.

Dejamos para el final la mención a las dos colosales intérpretes que dan vida a este texto, Eva Rufo y María Morales, que se marcan un paso a dos de primerísimas actrices. Dueñas absolutas del escenario, nos ofrecen una actuación memorable, absolutamente orgánica, plena de emoción y verdad. La técnica actoral de ambas se combina con una sensibilidad capaz de adentrarse en la compleja psicología de sus personajes y hacer presente, real, un texto que abandona la literatura para ser vida, pasión, dolor, contención y desgarro.

El nudo gordiano, una coproducción del Teatro Español y Teatro Kamikaze, se mantendrá en la sala Margarita Xirgu hasta el 22 de marzo. Aconsejamos darse prisa en adquirir una entrada, pues estamos convencidos de que no tardarán en agotarse. Se trata de una obra que, sin duda alguna, hay que ver. De lo mejorcito de esta temporada. Ahí lo dejamos.

José Luis González Subías


Fotografías: Javier Naval

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