"Lo que son mujeres", de Francisco de Rojas Zorrilla, desde la mirada farsesca de Morboria Teatro
Lo que son mujeres, la comedia de Francisco de Rojas Zorrilla que estos días se representa en el Teatro de la Comedia, no se ponía en escena desde el siglo XIX. ¡Cuánto sabían nuestros antepasados decimonónicos de teatro y qué poco caso les hacemos! Rescataron y llevaron al escenario gran parte del repertorio clásico -de aquel tiempo- que hoy conocemos (no vendría mal que hiciéramos lo propio con el inmenso legado teatral que estos nos dejaron, y que desconocemos y despreciamos para nuestra vergüenza); entre cuyas piezas se encuentra esta divertida comedia barroca, cuyos recursos humorísticos fueron utilizados en multitud de ocasiones por los comediógrafos románticos y sus herederos. Entre ellos, el socorrido empleo del pretendiente con trazas de figurón -en este caso son cuatro-, que resulta ridiculizado por alguna dama cuya presunción y fatuidad suele ser también "castigada" por los dramaturgos.
El amor, ese concepto tan empleado en la dramaturgia áurea, y en los siglos posteriores, como tema sobre el que se construían y giraban los enredos y tramas de la comedia, es visto en estas obras -y cuanto decimos se ajusta a la pieza que nos ocupa- desde un distanciamiento desmitificador, incrédulo e irreverente, totalmente alejado de aquel omnia vincit amor renacentista que aportó al amor cortés ese idealismo neoplatónica que se convertiría más tarde en el amor romántico encumbrado en el siglo XIX y se transmitió a buena parte del XX. El pesimismo -más bien desengaño- barroco de Rojas Zorrilla se manifiesta, en esta ocasión, en la visión desencantada o escéptica con que aborda el tema amoroso y la relación entre hombres y mujeres, incluido el estado matrimonial.
Todo se convierte en juego en esta disparatada comedia en la que un casamentero, Gibaja (Fernando Aguado), tan estrafalario en su nombre como astuto y embaucador en sus maneras, trata de encontrar pareja a la bella Serafina (Virginia Sánchez), que desprecia a los hombres; mientras que su hermana menor, Matea (Luna Aguado) se muere por ellos. Don Roque (Paúl Hernández), don Pablo (Adolfo Pastor), don Marcos (Ana Belén Serrano) y don Gonzalo (Vicente Aguado), los cuatro pretendientes seleccionados por Gibaja para vencer la resistencia amorosa de Serafina, tras ser rechazados -no podía ser de otro modo, dada su ridícula condición- por esta, acuerdan seguir el plan urdido por su mentor matrimonial para darle una lección y conseguir atraer su interés, que no es otro que fingir amor hacia Matea. Ya se sabe que celos encienden pasión en quien hasta entonces era hielo -tema muy explotado por la literatura amorosa de todos los tiempos-; así que la airada reacción de Serafina, orgullo herido, no es otra que la de modificar su inicial opinión y aceptar casarse con uno de los cuatro ejemplares del sexo varonil. Por no desvelar el desenlace, baste decir que Rojas, sin dejar de ofrecer un final feliz para todos -al fin y al cabo, escribió una comedia-, varió la costumbre de concluir el enredo con la inevitable boda.
Morboria Teatro añade esta nueva producción a su dilatado repertorio y estrecho contacto con los clásicos, entre los que Francisco de Rojas Zorrilla ocupa un especial espacio. Existe una conexión entre los temas, planteamientos, personajes y desarrollos argumentales de este poeta toledano del siglo XVII, y las inquietudes dramatúrgicas de la compañía capitaneada por Eva del Palacio y Fernando Aguado. Incluso el estilo burlón, escéptico y desencantado, lleno de ironía e inteligente llaneza de los Morboria encuentra buen acomodo en las peripecias dramáticas ideadas por Rojas; tal y como demuestra este excelente montaje dirigido y adaptado por Eva del Palacio a la escena contemporánea.
Sin excesivos alardes ornamentales en esta ocasión -el barroquismo escénico es un sello de la compañía-, la elemental escenografía diseñada por Eva del Palacio y Fernando Aguado cede todo el valor y el peso de la ambientación al atrezo -este sí, decididamente barroco- y al vestuario (a cargo de Eva del Palacio, Ana del Palacio y Fernando Aguado), que vuelve a convertirse en objeto de arte en sí mismo. La caracterización es uno de los elementos más destacados de los montajes de Morboria, que vuelcan en ella su peculiar concepción del hecho escénico y la entusiasta visión de un grupo de comicastros -como le gusta decir a Aguado- que han sabido transformar en arte cuanto hay dentro y fuera del escenario. Y si entre cómicos anda el juego, no podemos dejar de mencionar el magnífico trabajo realizado por los diez intérpretes que conforman el reparto; encabezado por el siempre brillante Fernando Aguado; seguido -no en orden de importancia- por las extraordinarias Virginia Sánchez y Luna Aguado, Paúl Hernández, Adolfo Pastor, Ana Belén Serrano, Vicente Aguado, Marina Andina y Trajano del Palacio, a quienes acompaña en escena el músico Miguel Barón.
Decir Morboria es decir teatro, sin más. La mejor forma de comprobarlo es acudir al Teatro de la Comedia para ver este montaje de Lo que son mujeres, que permanecerá en escena hasta el próximo 15 de febrero. Si aún están a tiempo, no se lo pierdan.
José Luis González Subías
Fotografías: Antonio Martín






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