Philip Ridley y su "Vincent River" llegan al Teatro Fernán Gómez, de la mano de Pilar Massa
Dura, muy dura nos pareció Vincent River, la obra del autor londinense Philip Ridley que vimos ayer en la sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez, traducida y adaptada por Manuel Benito. Perteneciente a esa generación de "jóvenes artistas ingleses" nacidos en los sesenta, que protagonizaron la renovación cultural de finales del siglo pasado, este polifacético y multidisciplinar artista y escritor es una de las voces más representativas de lo que se conoció entonces como teatro In-yer-face; un tipo de obras de acentuado realismo que, tal y como indica la expresión, te golpean literalmente en la cara, a causa de la crudeza de su temática y argumentos.
Obras agresivas, descarnadas, ambientadas en las grandes ciudades, en el cambio de siglo, donde el sexo, el alcohol y las drogas forman parte de la cotidianeidad de un mundo marcado por la violencia, el odio y los conflictos sociales. Todo eso encierra Vincent River, un impactante texto que atrapa desde el primer instante, al presentar una equívoca situación, llena de interrogantes, que se van resolviendo a medida que avanza el diálogo entre los dos únicos personajes que protagonizan la trama: Anita (Pilar Massa), madre de un joven brutalmente asesinado; y Davey (Eduardo Gallo), otro joven de edad similar a la de su hijo, que la sigue desde hace tiempo y ha ido a su casa para revelarle un inconfesable secreto.
El lugar único donde se desarrolla la acción -recreado en la acertada escenografía de Miguel Delgado, que juega con el realismo y la sugerencia, y la iluminación de Olga García-, en el mismo espacio de tiempo que transcurre para el público, consigue crear una sensación claustrofóbica, casi asfixiante; a la par que una cercanía y un verismo que hace más dura aún la virulencia y barbaridad de cuanto se está desvelando ante el espectador de este insólito encuentro. El desahogo de Davey es a la vez un grito desgarrado de vergüenza y dolor; de necesidad de perdón y de ser comprendido; de amores callados y vidas destrozadas por la barbarie de la sinrazón y del odio.
Pilar Massa, protagonista junto con Eduardo Gallo de este espléndido dueto actoral, ha dirigido un montaje redondo, perfecto en su hechura y ritmo, dosificando los silencios y sabiendo alcanzar los momentos climáticos en el momento oportuno. Especialmente en ese impactante final de la revelación catártica donde todo se descubre. Los dos intérpretes nos ofrecen una actuación extraordinaria, llena de matices y de una verdad acorde con el realismo que domina en todo el texto.
Una obra que exige un elevado nivel de interpretación, dura en su contenido, pero perfecta en su estructura y desarrollo dramático es lo que nos ofrece este Vincent River; un excelente ejemplo de lo que fueron los orígenes del In-Yer-Face Theatre y que tanta influencia ha tenido en la dramaturgia posterior, aún reconocible en nuestros escenarios. La obra de Philip Ridley podrá verse hasta el 22 de febrero en la sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez. Un teatro y un autor que hay que conocer.
José Luis González Subías



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