"Tebanas", un acercamiento a la tragedia griega desde la lúcida y juguetona mirada de Álvaro Tato y Yayo Cáceres


Desde el 22 de enero, se representa en el Teatro de La Abadía Tebanas, la nueva producción de Ay Teatro, cuyos montajes han deleitado y seducido tanto al público como a la crítica desde la presentación de este proyecto -nacido hace ya ocho años- encabezado por Álvaro Tato, Yayo Cáceres y Emilia Yagüe; los dos primeros, en calidad de dramaturgo y director, respectivamente, de las obras estrenadas por la compañía. 

Gran aficionado y conocedor de los clásicos, Álvaro Tato ha ido en esta ocasión más lejos y se ha lanzado a la aventura de ahondar en los orígenes y bucear en la dramaturgia griega, para adentrarse en una de las grandes materias de la tragedia clásica: el ciclo tebano. Partiendo del mito de Edipo, el rey maldito a causa del acto impuro y horrendo cometido por su padre, Layo, mucho antes de que aquel naciera, la maldición engendrada en este se extiende tanto a su hijo como a sus descendientes (Eteocles, Polinices, Antígona, Ismene) y familiares cercanos (Creonte); pero en primer lugar a él mismo, a quien mata Edipo tal y como anuncia la profecía, y a su esposa, Yocasta, con la que su hijo se desposará al hacerse rey y con la que este engendrará hijos que son también sus hermanos.

Los griegos eran así; planteaban temas y asuntos a conciencia, capaces de enfrentar al hombre -y a la mujer- con sus pasiones más elementales, siempre a caballo entre la voluntad y lo inevitable, ahondando en situaciones límite cuyo final solo podía ser trágico. Con razón Aristóteles entendió la tragedia como la forma más perfecta y sublime del teatro.

Son cuatro las tragedias utilizadas por Tato para crear esta original dramaturgia -Edipo Rey (Sófocles), Los siete contra Tebas (Esquilo), Fenicias (Eurípides) y Antígona (Sófocles)-, en una versión absolutamente cercana y actual, con unos códigos que, manteniendo las claves de la tragedia antigua -es el caso del magnífico empleo del coro, o de la declamación solemne y en ocasiones tendente a la cantilena, así como en la inclusión de la música-, se muestran rabiosamente contemporáneos. El minimalismo escénico -apropiado para estas obras- adquiere tintes simbólicos de gran valor expresivo y funcional. Todo se reduce a unos palos que hacen las veces de varas, cayados y lanzas, incluso cortinas y puertas llegado el caso, a través de la imaginación, hábilmente empleados por los actores a partir de las directrices de Yayo Cáceres, director de esta singular y difícil partitura, llena de retos. El práctico, audaz y sugerente vestuario de Tatiana de Sarabia, que realza el tono mortuorio de la pieza desde un negro acorde con la oscuridad que domina el escenario -importante trabajo de Miguel Á. Camacho en la iluminación-, centra la atención visual de un espectáculo que cede toda la fuerza a la acción coral de los actores y a la palabra, hábilmente acompañadas -como no podía ser de otro modo, en una producción de Ay Teatro- por la música en directo presente en toda la obra, compuesta por Yayo Cáceres. En este aspecto, nos gustaría destacar la bella y prodigiosa voz de Marta Estal en sus intervenciones líricas, que son un verdadero bálsamo para los oídos.

Álvaro Tato no ha podido evitar incluir entre los diferentes episodios trágicos de tan solemne y sangrienta historia una escena de su cosecha, en verso y absolutamente bufo-cómico-grotesca, al más puro estilo tatiano, que, quizá algo impostada en el conjunto, aporta a este sin embargo un tono de frescura y ligereza, un cambio de ritmo y un descanso casi necesario para aliviar la tensión y la monotonía inevitable del discurso trágico, a pesar de la inclusión de la música, la viveza del coro y el excelente movimiento escénico.

Nos gustaría destacar, para concluir esta breve reflexión sobre Tebanas, el gran trabajo realizado por los seis actores que componen el reparto. Cira Ascanio se muestra convincente y rotunda en sus intervenciones, llenas de fuerza e intensidad trágica; tan convincentes e intensas como las de Marta Estal -de la que ya hemos destacado asimismo sus grandes dotes como cantante lírica-, Mario García, Fran Garzia -un habitual en los montajes de Ron Lalá y Ay Teatro-, Daniel Migueláñez -fantástico como Creonte- y Mario Salas de Rueda.

Es en definitiva, esta nueva entrega de Ay Teatro, con un largo recorrido ya a sus espaldas, una excelente propuesta escénica, en la que destaca la originalidad y el riesgo abordado, pero también el respeto a una tradición teatral que mantiene su vigencia y fuerza, y su atractivo; máxime, pasada por la mirada juguetona y lúcida de Álvaro Tato, y la habilidad creadora, como director y músico, de Yayo Cáceres; un tándem que ha resultado siempre -y sigue siéndolo- perfecto.

Tebas permanecerá en la sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía hasta el 15 de febrero. Una original y atractiva forma de abordar la tragedia griega que conviene no perderse.

José Luis González Subías


Fotografías: David Ruiz

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