"Las niñas de Humenné", un espejo de hace más de ochenta años, que nos sigue recordando quiénes fuimos y lo que somos


Hace más de cuatro años que Las niñas de Humenné se mantiene en los escenarios, desde su estreno, en octubre de 2021, en la misma sala donde ayer tuvimos ocasión de ver este emotivo drama escrito por Pedro Martín Cedillo y dirigido por Ricardo Goñi, que se ha visto reconocido en este tiempo por diferentes premios del ámbito teatral (Premio Buero de Teatro Joven 2021 -nacional y autonómico-, Festival Ana Frank 2021 en Buenos Aires) y fue candidato a espectáculo revelación en la XXV edición de los Premios Max.

Las niñas de Humenné
es uno de los proyectos de la joven compañía madrileña El Dado Teatro, que busca hacerse un hueco en el limitado espacio del circuito teatral, para crear y contar desde el escenario nuevas historias que emocionen y conciencien al público de hoy. Como lo hace esta obra que ayer finalizó -al menos de momento- su nueva andadura en Nave 73.

La obra de Pedro Martín Cedillo, basada en hechos reales, nos traslada al periodo comprendido entre 1942 y 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, para centrar su atención en un numeroso grupo de jóvenes adolescentes judías, de entre dieciséis y diecinueve años, llevadas por engaño, desde la localidad eslovaca de Humenné -creyendo ser contratadas para trabajar en una fábrica de botas para soldados- a Auschwitz, en el primer convoy que partió hacia este lugar infernal, hace ahora ochenta y cuatro años.

No es difícil imaginar el contenido de esta pieza, destinada a denunciar la inhumanidad y crueldad de unos hechos que han avergonzado al mundo "civilizado" durante décadas y que conviene recordar para no olvidar la brutalidad y barbarie que, llegado el momento, el ser humano es capaz de mostrar. Tanto el dramaturgo como el director han tratado la acción con elegancia y mesura, sin cargar las tintas sobre un tema que podría haber trasladado la obra al teatro del espanto, con escenas de gran crueldad y violencia. No es así, ni era necesario para dejar muy claro el mensaje de concienciación pretendido y transmitir unas emociones que dejan huella sin necesidad de gritar.

Haciendo uso del espacio vacío, tan solo el atrezo empleado y el vestuario -junto con la iluminación, la ambientación sonora y la imaginación inspirada en la palabra- sirven para trasladarnos a los lugares en los que transcurre la historia, en los que las cuatro actrices que le dan vida -Gloria Díaz, Julia Balserini, María Ordás y María Fernández-, en un correcto y bien dirigido trabajo, emocionan y transmiten todo cuanto el texto necesita.

Es, en fin, Las niñas de Humenné, una obra acreedora de todos los reconocimientos que ha tenido en estos años, cuyo recorrido sobre el escenario esperamos no acabe aquí y pueda ser disfrutada aún por muchos más espectadores. Drama de concienciación, que invita al silencio -o al grito- y a la reflexión, Las niñas de Humenné nos recuerda demasiado bien quiénes fuimos y, por desgracia, seguimos siendo. Un espejo sucio en el que sería preferible no verse reflejado.

José Luis González Subías


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