El universo de Ingmar Bergman se hace visible en "Tras el ensayo", una adaptación de Ernesto Caballero dirigida por este para el Teatro Español
Estos días se representa, en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español, Tras el ensayo, una adaptación de la película homónima de Ingmar Bergman al teatro, realizada por Ernesto Caballero, quien ha sabido desnudar y ofrecer el estilo del mítico director de cine sueco en un montaje, dirigido por él mismo, capaz de mantener la angustiosa e intimista atmósfera que preside sus creaciones.
Bergman reflejó como nadie en sus trabajos los intrincados laberintos de la angustia interior, la introspección y el descubrimiento de nuestros fantasmas ocultos. Y Tras el ensayo (1984), una obra de sentido absolutamente metateatral, es una excelente oportunidad de acercarse a este universo tan personal e introspectivo. Centrada en tres únicos personajes -un director de teatro, Henrik Vogler (Emilio Tomé), alter ego del propio Bergman; una joven actriz, Anna Egerman (Elisa Hipólito); y la madre de esta, Rachel (Lucía Quintana), veterana actriz que vive atormentada en su degradada decadencia-, la pieza se construye a partir de la soledad y el silencio que queda en el escenario, tras un ensayo -en este caso de la obra El sueño de Strindberg-; momento en que el director reflexiona, reordena ideas y descansa tras la tensión acumulada horas antes. La interrupción de ese momento por la llegada de la joven actriz, más tarde por la de Raquel, y el complejo juego de verdad y ficción, necesidades, flaquezas, orgullos y deseos que se genera en la interacción entre estos -siempre dual, con Vogler como eje en torno al cual se mueven y actúan los otros dos personajes-, genera los conflictos interiores que afloran y mantienen la tensión de una obra que respeta escrupulosamente las unidades de lugar -el escenario de un teatro, con su utilería- y tiempo -tanto en la vida real como en la ficción, noventa minutos-.
La sobria e impecable escenografía de Víctor Longás -a cargo asimismo de la iluminación-, en la que destaca una cortina movible de fondo con la que se modifica la atmósfera llegado el momento; el adecuado vestuario diseñado por José Cobo y el espacio sonoro, a cargo de Bastian Iglesias, visten y dan forma sensorial a un trabajo que es, por encima de todo, un excelente espectáculo de trabajo actoral. Ernesto Caballero ha querido otorgar a los tres brillantes actores que intervienen en el reparto el peso de una obra que es teatro en estado puro; entendiendo este como la interacción entre unos actores que convierten las palabras de un texto en propias y nos hacen perder la noción de realidad y ficción para crear una única y exclusiva verdad, producida en ese momento mismo en el escenario. Y esa verdad con mayúsculas es la que nos ofrece Lucía Quintana, en una soberbia e impresionante actuación; Emilio Tomé, perfecto en su papel de director y confidente mediador con el público; y la joven Elisa Hipólito, cuya personalidad y talento afloran sobre el escenario, anunciando para ella un prometedor futuro -ya presente- que seguiremos con interés.
Es esta adaptación de Tras el ensayo una opción muy recomendable para quienes buscan refugiarse al abrigo emocional, sensorial e intelectual de un teatro; digna de Bergman y de la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español, donde seguirá representándose hasta el 17 de mayo.
José Luis González Subías




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