La peculiar mirada de Yllana sobre el ecologismo y la amenaza del planeta en "Greenpiss"
Desde la nueva andadura iniciada por el Gran Teatro Pavón, en 2025, este nuevo teatro con ciento un años de historia ha venido incorporando a su programación un atractivo, amplio y variado repertorio en el que la veterana compañía Yllana, que acaba de cumplir treinta y cinco años en los escenarios, ocupa un lugar destacado. Tres de sus producciones podrán disfrutarse en los meses inmediatos; la primera de las cuales, Greenpiss (2020) se estrenó ayer, con el éxito y ambiente festivo habitual en los espectáculos ofrecidos por este variopinto y divertido grupo de actores que practican la comicidad gestual, y cuyos espectáculos -en los que la palabra, al menos la inteligible, queda excluida- se convierten en una fiesta llena de satírico desenfado y un desvergonzado humor que suena hoy a más liberador que nunca.
En esta línea, y siguiendo su peculiar estilo, Yllana ofrece en Greenpiis un alegato ecologista donde se desnuda la hipocresía de un mundo sostenido por grandes palabras y causas, tras de las cuales muchas veces solo existe la inconsistencia del postureo. La denuncia contra el poderoso que destruye el planeta a costa de su beneficio personal, el avariento e inhumano capitalista, pero también contra todo un sistema al servicio de este y la actitud particular de los individuos vendidos al milagroso efecto del maletín, ofrece, en apariencia, un radical contraste con unos defensores del ecologismo tan sencillamente humanos -e imperfectos- que pronto permitirán ver sus debilidades y carencias.
El mensaje de Yllana no alecciona ni impone, no dogmatiza ni divide el mundo de forma maniquea; tan solo muestra desde una perspectiva distanciada -no por ello menos implicada y comprometida-, que deja al público la libertad de pensar por sí mismo y posicionarse -si así lo desea- donde le plazca. La seriedad de los temas planteados sobre el escenario, convertidos en un espectáculo lúdico por la vía del humor, queda diluida en una comicidad contagiosa y -como decíamos- liberadora que nos hace sentir, durante un tiempo, al menos dueños de algo que nadie nos puede arrebatar: la capacidad de reír, y de reírnos hasta de nosotros mismos.
Repitiendo el esquema de cuatro actores sobre el escenario, tan habitual en sus montajes, en esta ocasión protagonizan el espectáculo -creado y dirigido, siguiendo la práctica de Yllana, por la compañía- Fidel Fernández, Juanfran Dorado, Jony Elías y Raúl Cano Cano. Un elenco de primera que realiza, individual y conjuntamente, un trabajo perfecto. Excelente asimismo el diseño de escenografía a cargo de Carlos Brayda, y el extraordinario uso de las ambientaciones visuales proyectadas sobre el fondo del escenario para recrear espacios, en las que la iluminación diseñada por Fernando Rodríguez Berzosa y el sonido, por Luis López de Segovia, juegan un importante papel. El vestuario, imprescindible también en la recreación de personajes y ambientes, es obra de Tatiana de Saravia.
Greenpiss repite la fórmula de Yllana para crear divertidos y muy amenos espectáculos, realizados con una técnica y un dominio de la escena asombrosos, que permiten disfrutar relajadamente del arte escénico y llevarse a casa un grato recuerdo, junto con el deseo de volver a ver cualquier nuevo trabajo de estos artistas. Yo así lo haré en las próximas citas anunciadas para los próximos meses. Por lo pronto, no se pierdan este "desmadre eco-ilógico" que acaba de estrenarse en el Gran Teatro Pavón y permanecerá en escena hasta el 26 de abril. Ríanse con gusto.
José Luis González Subías
Fotografías: Julio Moya





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