Mark Rosenblatt llega a España con "Gigante", una gran obra de teatro dirigida por Josep Maria Mestres y protagonizada por José María Pou
Gigante, un título más que apropiado para quien desde hace tiempo merece un calificativo ganado a pulso durante toda una vida dedicada a la escena. Así se titula esta primera y polémica obra teatral de Mark Rosenblatt, que llega a España avalada por numerosos premios, y que el pasado 20 de febrero fue estrenada en el Teatro Bellas Artes, en traducción de José María Pou y dirigida por Josep Maria Mestres.
El éxito de Rosenblatt, más allá de la actualidad y conflictividad del debate planteado en su obra, ha vuelto a demostrar que el teatro de texto y de ideas, el teatro de interpretación naturalista e indagación psicológica y emocional sigue funcionando en escena, y el público responde a él con la intensidad e interés que lo ha hecho siempre. Frente a la permanente amenaza de lo posdramático, el teatro dramático demuestra, cada vez que se sube a un escenario, su vigencia y su necesidad. Viene así a sumarse este nuevo dramaturgo británico a la nómina de autores en lengua inglesa que llevan tiempo cultivando un teatro "tradicional", cuyo soporte básico sigue siendo el interés de la fábula y el conflicto planteado, la adecuada construcción de personajes y la calidad del lenguaje.
Estas son las cualidades, entre otras muchas que comentaremos, que hacen de Gigante una gran obra, al igual que el montaje llevado a escena en esta magnífica producción del Teatre Romea -coproducida con el Festival Grec 2025- que cuenta con un elenco y un equipo artístico de primerísimo nivel.
Toda la obra, que respeta los cánones clásicos de lugar y tiempo, transcurre en el verano de 1983, en el interior de la casa -en ese momento en obras- de Roald Dahl, protagonista de este intenso drama, a quien da vida un extraordinario José María Pou, siempre poderoso, brillante y natural sobre el escenario. En esta coinciden con el escritor -quien está acabando de corregir las pruebas de su última novela- su compañera y pareja Liccy (Victoria Pagès), su editor Tom Machler (Pep Planas) y la editora Jessie Stone (Clàudia Benito), junto con la puntual presencia de Hallie (Aida Llop), la empleada doméstica, y Wally Saunders (Jep Barceló), el jardinero.
Desde el primer instante se inicia un diálogo que lo acapara todo. La palabra se adueña de la acción y muy pronto nos adentra en el conflictivo tema que se plantea: las polémicas y agresivas declaraciones de Dahl en un artículo donde denuncia la invasión del Líbano por el ejército israelí y la masacre vivida en Beirut, donde murieron y fueron mutiladas multitud de víctimas inocentes, entre ellas niños. Su alegato y posicionamiento, que adquiere un marcado carácter antisemita, no solo le ha llevado a este a ser amenazado de muerte, sino que pone en peligro la publicación y distribución de su nueva obra. La intención de sus editores, en principio, es que el escritor ofrezca una disculpa pública que apacigüe una polémica que afecta su imagen pública y, por consiguiente, a la venta de sus libros. Sin embargo, no tardaremos en descubrir que el tenso debate sostenido en escena afecta también personalmente a los implicados.
Esta magistral obra dramática, capaz de sostener la atención y el interés del espectador durante dos horas y media -más un descanso intermedio de quince minutos-, cuenta, como señalábamos, junto con el atractivo de un texto envidiable, con un reparto de lujo, encabezado por un excepcional José María Pou que vuelve a estar de premio; al que acompañan unos magníficos intérpretes que no quedan a la zaga. Magníficas son las réplicas de Clàudia Benito, tanto como las intervenciones de Victoria Pagès, Pep Planas y -si menos presentes, no menos acertadas ni importantes- las de Aida Llop y Jep Barceló. Destaca asimismo la monumental escenografía diseñada por Sebastià Brosa, que aprovecha gran parte del escenario y muestra el interior de una gran casa de campo, absolutamente patas arriba, fruto de las obras que se están realizando en ella -marco tan ruidoso, inestable y conflictivo como la situación vivida por los personajes-. Por su parte, la iluminación de Ignasi Camprodon, el vestuario de Nidia Tusal, el espacio sonoro creado por Jordi Bonet, o la caracterización de Toni Santos, cumplen adecuadamente su función.
Es, en definitiva, Gigante un excelente montaje de Josep Maria Mestres -su dirección es impecable- para una excelente obra de un autor, Mark Rosenblatt, que es necesario conocer. Todavía están a tiempo, hasta el 26 de abril, en el Teatro Bellas Artes. No dejen de hacerlo; merece la pena.
José Luis González Subías
Fotografías: David Ruano




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