"La vengadora de las mujeres", de Lope de Vega, llevada al Teatro de la Comedia por Teatro del Temple


A pesar de su supuesta novedad, no es la primera vez -sí en la sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que coproduce el espectáculo- que La vengadora de las mujeres, de Lope de Vega, estrenada hace unos días en el Teatro de la Comedia -previo estreno en el Teatro principal de Zaragoza- se representa en la escena contemporánea. Entre otras ocasiones, ya lo hizo en el año 2000, en una versión de Teatro del Temple firmada por Alfonso Plou y dirigida por Carlos Martín, estrenada en el Festival de Teatro Clásico de Almagro aquel año. Veintiséis años después, la compañía zaragozana presenta una nueva versión de la obra, más "actualizada", a cargo en esta ocasión del mismo Alfonso Plou, junto a María López Insausti, de nuevo bajo la dirección de Carlos Martín.

Lo más llamativo de este remozamiento de la obra de Lope es la estética elegida para ponerla en escena, significada en el llamativo vestuario de Agustín Petronio, que aporta un indefinido estilo "futurista" al conjunto -sin que hayamos aún comprendido exactamente su necesidad, en relación con la historia dramatizada; tampoco el guiño de la "moscas"-, en el que domina la mixtura de elementos y la presencia colores vivos, acordes con la espléndida iluminación de Felipe Ramos; uno de los elementos escénicos que creemos más logrados de este montaje. Singular y atractiva resulta también la escenografía, a cargo de Óscar Sanmartín y Carlos Martín, cuya sólida superficie blanca en paredes y suelo permite destacar el colorido citado, al tiempo que muestra un fondo -que irá paulatinamente descubriéndose- relativo al libro y al saber.

Y de esto en cierto sentido trata la obra, del conocimiento y aptitudes ligadas a una mujer instruida; un tema que, con diversas variantes, ha sido muy utilizado en la historia del teatro español. La mujer culta y letrada, que rechaza someter su independencia al dominio del varón, disfrácese este en forma de amor o de matrimonio, podemos encontrarla al menos desde Gil Vicente y su Auto de la Sibila Casandra (c. 1513), y en multitud de textos áureos. Entre las numerosas piezas de Lope de Vega es habitual encontrar textos donde la mujer es presentada con las más altas dotes intelectuales, y con maestría y arrestos suficientes como para salvaguardar su libertad frente a los intentos de ser domeñada por cualquier varón, o para ser capaz de elegir su propio deseo ante cualquier tipo de imposición masculina. Obras como El alcalde mayor, La dama boba o esta Vengadora de las mujeres que nos ocupa. Comedias inteligentes, llenas de guiños, que muestran una realidad social y unas relaciones humanas de gran interés, donde la "separación" y "lucha" entre sexos aparece reflejada desde una perspectiva mucho más rica y avanzada -también desenfadada- de lo que hoy podríamos creer.

Dicho esto, baste recordar someramente la trama de esta divertida obra de Lope en la que Laura (Silvia de Pé), princesa de Bohemia, monta en su palacio una escuela de mujeres donde pretende desmentir las afirmaciones vertidas contra la mujer, por el hombre, durante siglos, y demostrar la valía de estas, enseñándoles a evadir las asechanzas de sus opresores para someterlas mediante el amor. Obviamente, al final todo quedará en nada, y el amor terminará dominando cualquier voluntad; pero el mensaje igualmente está lanzado.           

Carlos Martín ha llevado el montaje al terreno de la farsa, utilizando un ritmo ágil, en ocasiones frenético, en las intervenciones y escenas, presentando a los personajes como caricaturas de un expresionismo bufo que buscan el efecto cómico a través de la mueca. No se busque naturalismo y verdad orgánica en una comedia cuya verdad es solo estética y pura convención. Puede gustar más o menos al espectador; pero ese es el fin perseguido, y conseguido, en el montaje. Esta afirmación afecta al trabajo actoral, aspecto al que La última bambalina da siempre mucha relevancia en sus observaciones críticas. Todas las interpretaciones parten del planteamiento indicado, por lo que prima en la mayor parte de ellas el histrionismo y una "exageración" premeditada en las maneras y los diálogos. Excelente Secun de la Rosa en su papel de criado (Julio); Silvia de Pé tuvo grandes momentos, que compartió con José Vicente Moirón (príncipe Lisardo) en muchas escenas. Itziar Miranda (Diana) y Lorena Berdún (Lucena) destacaron asimismo en sus intervenciones. El resto del reparto -Gabriel Moreno (príncipe Arnaldo), Xavi Caudevilla (Octavio, criado), Nacho Rubio (duque Alejandro) y Chavi Bruna (príncipe Augusto) se muestra correcto en su cometido, asumiendo sus respetivos papeles con solvencia y soltura.

Es esta una buena oportunidad para conocer el trabajo de la veterana compañía zaragozana Teatro del Temple -con más de treinta años a sus espaldas-, en coproducción por primera vez con la Compañía Nacional de Teatro Clásico. La vengadora de las mujeres permanecerá en el Teatro de la Comedia hasta el 31 de mayo. Podrá verse asimismo el próximo mes de julio, en el Festival de Almagro. 

José Luis González Subías


Fotografías: Nani Gutiérrez

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