¿Salgo o no salgo? La inevitable y trascendental pregunta del "Viernes noche" es llevada al teatro por Alicia Hernanpérez y Tangú Teatro


La indecisión, la duda, no existencial sino biológica, emanada de la incómoda tensión entre el cansancio y el deseo de agotar la vida en un grito o en una noche de enajenante fiesta, entre el aburrimiento del trabajo rutinario y la llegada de un viernes hecho para comerse el mundo, pero recibido en tal estado de forma que ya no deseas nada. Eso viene a expresar, entra tantas otras faltas de certeza e incertidumbres, Viernes noche, ópera prima -como autora- de Alicia Hernanpérez Hidalgo, quien asume asimismo la dirección de esta segunda entrega de la joven compañía madrileña Tangú Teatro, lanzada al ruedo del circuito teatral alternativo con los bríos y el talento necesarios para resistir y ofrecer creaciones de gran interés, dignas de ser conocidas y disfrutadas por el público.

Es el caso de esta pieza que ha estado representándose en la sala AZarte, que ayer tuvimos oportunidad de ver. Como señalábamos al inicio de esta entrada, este sugerente y divertido monólogo, protagonizado en la función de ayer por la actriz Gabriela Burgos (alterna el papel, en otras funciones, con Claudia Álvarez y María Parra Quintana), que realiza un excelente trabajo sobre el escenario, parte de la disyuntiva de una joven de treinta años, que llega agotada a casa tras una dura semana de trabajo, entre salir de fiesta, como le proponen insistentemente sus amigas, o quedarse tumbada en el sofá mientras se harta de fruslerías. Este dilema se ve pronto acompañado de otros muchos que asaltan la desbocada mente de este simpático personaje, cuyas disquisiciones nos llevan a multitud de temas de nuestro tiempo y que afectan especialmente a los jóvenes, ligados al frenético y esclavizante uso del móvil, el precio de la vivienda, las citas por Internet o el calvario de atravesar un bar de copas repleto, mientras multitud de miradas te observan como a una presa.

En una sugerente y realista escenografía, diseñada con acierto por Pablo Menor Palomo, centrada en el citado sofá y el oportuno cuarto de baño donde solemos pararnos a pensar, y nos relajamos aislados del mundo, transcurre toda la acción de esta intensa y bien dosificada pieza de una hora de duración, en la que la actriz y el texto que interpreta lo son todo. Oportuna resulta la incorporación a mitad de esta de un personaje sin voz, un DJ (Lucía Martín Cilla) que, presentado como un punto de fuga hacia el exterior, aporta una perspectiva distinta al espacio y lo amplía con su presencia.

La dirección de Alicia Hernanpérez es más que adecuada y efectiva para el propósito pretendido con su obra, que mantiene el interés del público en todo momento y le hace esbozar, o mostrar abiertamente, desde la complicidad de quien se siente en buena medida reflejado en lo que ve, una sonrisa liberadora.

Viernes noche es un buen trabajo, recomendable para esas tardes de viernes previas al encuentro reparador de un fin de semana. Merece la pena conocerlo y acercarse la sala AZarte, en el pintoresco y atractivo barrio de Chueca, donde podrá volver a verse en próximas ocasiones.

José Luis González Subías


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