El Gran Teatro Pavón acoge este mes de junio la representación de "666", uno de los primeros y grandes éxitos de Yllana
Yllana lleva treinta y cinco años haciendo reír a través de un teatro con un sello propio que lo hace inconfundible. Su humor gestual ha demostrado su capacidad para sobrevivir sobre los escenarios con una aceptación que no ha mermado con el paso del tiempo, a pesar de los cambios producidos desde finales del siglo pasado hasta hoy, en cuestión de gustos y de lo que se considera pensamientos, usos y costumbres aceptables por la sociedad; incluido lo que se admite como risible.
No hay duda de que Yllana ha sabido mantenerse fiel a su esencia y a sus principios, ofreciendo espectáculos de calidad, marcados por una irreverencia provocadora -un poco punki- que hace de la procacidad, la interacción con el público y el humor más desenfadado -a veces con una carga crítica que se diluye en el conjunto-, el elemento básico de unos trabajos concebidos a partir del movimiento corporal, el sonido inarticulado y el gesto.
En 666, una de sus primeras producciones, la compañía muestra su lado más auténtico y provocador, dando cabida en esta subversiva concatenación de historias o escenas de presidio a todo ese mundo de irónico desparpajo, desenfreno y jolgorio anteriormente mencionado, en su estado más natural. Yllana, sin tapujo alguno, muestra los deseos e inclinaciones de ese grupo de hombres que coinciden en el turbio y "necesitado" mundo de una prisión. Una obra cargada de una inconfundible testosterona, cuyo estilo, recursos y mensajes son hoy tan irreverentes y escandalosos -más incluso que cuando se presentó en 1998- como lo fue el "Merde!" de Jarry hace ciento treinta años. Una auténtica osadía, digna de admiración, por el chorro de libertad que eyacula (perdón por la expresión, pero viene muy a cuento).
Fidel Fernández, Raúl Cano, Juan Ramos y Juanfran Dorado dan vida a este grupo de presos, guardias y algún capellán -con la irrupción inesperada de algún invitado entre el público- que ponen patas arriba tanto el corredor de la muerte como el Gran Teatro Pavón, donde se acoge estos días esta irónica y lujuriosa antesala del infierno.
Es muy difícil no haber visto a Yllana después de una carrera tan dilatada, pero si aún no lo han hecho, o si quizá no han visto nunca este infernal 666, lleno de libidinosos diablillos, no dejen de acudir al Gran Teatro Pavón, donde, si no son de esos "públicos fácilmente impresionables" a los que avisa el programa de mano, encontrarán, los próximos lunes 22 y 29 de junio, un espectáculo singular, imposible de ver en estos días, que les hará jugar, participar y reír sin prejuicios, como seguramente hacía tiempo no tenían oportunidad. Vayan y diviértanse; así de simple.
José Luis González Subías




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