"El jardín quemado" de Juan Mayorga cobra vida en el Teatro de La Abadía, dirigida por su autor
Cuando leí por primera vez El jardín quemado me impresionó. Tanto como muchas otras obras de este singular autor que convierte la escena en un lienzo de reflexión y misterio poético, capaz de abordar los más variados asuntos humanos desde la inquietud -también esperanza- que otorga la palabra, usada con afán de respuestas y trascendencia. Este prestidigitador de la palabra y el pensamiento crea en la pieza que hoy nos ocupa, que acaba de estrenarse en el Teatro de La Abadía bajo la dirección del propio Juan Mayorga, uno de los textos más redondos, profundos, enigmáticos y, a la vez reveladores, de toda su producción.
Mayorga supo incluir en esta inquietante y magistral creación una serie de ingredientes que la hacen singularmente atractiva, y ha sabido potenciar en el montaje. La acción de la obra transcurre en torno a un único espacio cerrado, claustrofóbico -situado, además, en una isla-, entre prisión y hospital psiquiátrico, donde la realidad y la salud se confunden con la irrealidad -realidad posible- de la memoria y la "enfermedad" de la locura. Como telón de fondo, se aborda el tema de la Guerra Civil y el intento por descubrir, acabada la dictadura, qué suerte sufrió un grupo de intelectuales republicanos llegados a ese lugar durante la contienda, encabezados por el poeta Blas Ferrater.
La búsqueda de Benet (Loreto Mauleón) por encontrar respuestas que corroboren y justifiquen su decisión de cerrar el hospital de San Miguel convierten la pieza en una suerte de thriller, una inteligente partida -simbolizada, entre otros muchos momentos, en el duelo ajedrecístico sostenido entre Pepe (Mariano Llorente) y la nueva directora- en la que está en juego tanto la reparación del pasado como el planteamiento mismo de su necesaria reparación. Las conversaciones con la destituida Garay (Adriana Ozores), que estuvo presente en aquellos lejanos días y conoce todo lo sucedido, así como con varios de los pacientes que habitan este singular centro, cuyos muros y puertas lo aíslan del mundo, dan forma a la trama de tan inquietante y sugestiva historia, cuyo principal acierto argumental es el de no dar una unívoca respuesta a unas preguntas, quizá sin solución, que quedan balbuciendo en el aire. ¿Remover las cenizas del jardín quemado cambiará la historia de lo sucedido? ¿Mostrará la verdad? ¿Realmente quieren o querrían Ferrater y sus compañeros regresar a la vida, esa otra vida, cuarenta años después? ¿Qué sucedió realmente en aquel lugar? Demasiadas preguntas sin respuesta.
Juan Mayorga, que asume, como señalábamos, la dirección de un montaje impecable, perfecto en su concepción y plasmación, ha sabido arroparse de un equipo artístico de primerísimo nivel; con Elisa Sanz como responsable de la escenografía -excelente ese jardín vacío, de aires beckettianos, enmarcado por unos estilizados muros y puertas que dejan entrever la luz del exterior, presidido por un lóbrego naranjo- y el vestuario -acertadísima la blancura de los pacientes, que solo hablan la lengua de los ángeles-; y Juan Gómez-Cornejo, a cargo de una muy acertada iluminación que juega con las sombras y grises, creando una atractiva e inquietante atmósfera de ensoñación, reforzada por los efectos musicales y sonoros realizados por Jaume Manresa.
Difícilmente pueda encontrarse un mejor reparto para hacer vivo el universo de Mayorga, y dar vida a sus palabras, que el elegido por el autor y director en esta ocasión. Jesús Barranco (Estatua, Calatrava, Néstor), Miguel Hermoso (Cal), Joserra Iglesias (Oswaldo), Mariano Llorente (Pepe), Loreto Mauleón (Benet) y Adriana Ozores (Garay) realizan un extraordinario trabajo que constituye, en sí mismo, otro de los grandes atractivos de esta excelente producción.
A nuestros ojos, el Teatro de La Abadía ha sabido concluir la temporada teatral que ahora acaba con el telón muy alto. El jardín quemado es una de esas grandes obras que todo amante del teatro debería ver. Y tendrá ocasión de hacerlo si está en Madrid en este inicio del verano, donde este clásico de Juan Mayorga seguirá representándose hasta el 12 de julio. Absolutamente recomendable.
José Luis González Subías





Comentarios
Publicar un comentario