El mito de Electra se funde con la tragedia rural y el tronío flamenco en "Electra Jonda", de Juan Guerrero Zamora, en un montaje de Manuel Canseco


Segundo estreno en los Teatros del Canal en los inicios de temporada, en cuya Sala Roja se presentó hace unos días Electra Jonda, un texto del recordado Juan Guerrero Zamora (1927-2002), nunca representado con anterioridad, que, cuarenta años después de su creación, pudo verse por primer vez en un escenario el pasado mes de julio, en el Festival de Mérida.

Partiendo del mito clásico de Electra, tantas veces llevado al teatro desde que Esquilo, Sófocles y Eurípides le dieran forma hace dos mil quinientos años, Guerrero Zamora construyó una tragedia española contemporánea de ambientación rural y andaluza, en la que se percibe con claridad la influencia del universo trágico lorquiano. La venganza de Electra (Carolina Lapausa) cobra forma en un cortijo andaluz cubierto por el luto tras la muerte del padre, señor de la casa y de las dehesas donde pacen los toros que lo han arrollado. La relación entre su viuda Clitemnestra (Alejandra Torray) y el mayoral Egisto (César Lucendo) se percibe con claridad, bajo las acusaciones nada veladas de una intrigante Electra, cuyo odio hacia su madre y su amante Egisto solo es equiparable a la obsesiva pasión que siente por su padre, quien cree -como se termina confirmando- que ha sido asesinado por aquel, en connivencia con Clitemnestra.

Electra tratará de inocular su deseo de venganza en un inocente Orestes (Daniel Migueláñez), recién llegado tras años de ausencia y ajeno a cuanto sucede y ha sucedido en una familia cuyos padres ocultaban demasiadas cosas, convirtiéndolo en la mano ejecutora de un crimen que acabará con la vida de Egisto y de su propia madre.       

Guerrero Zamora supo crear una historia con entidad propia, adaptando situaciones y personajes a la realidad española del siglo XX, sin perder un ápice de la intensidad y grandeza -de alcance épico- de la tragedia clásica, respetando los nombres y papeles del mito original, incluyendo en la trama a Crisótemis (Paula Corolado), hermana de Electra, y Casandra (Teresa Hernández); junto a otros personajes como el ciego (Juan Gea) -figura habitual y de gran relevancia en la tragedia griega-, padre de Casandra, el Aya (María Garralón), un Vaquero (Jaime Puente) y un Niño (Ainhoa Molina), además de un guitarrista (José Luis Montón) presente en escena a lo largo de toda la función, que acercan la historia a nuestro tiempo y aportan la ambientación requerida al conjunto.

El montaje, dirigido por Manuel Canseco, parte de una concepción tradicional de la puesta en escena que potencia el realismo de las situaciones y el lenguaje, destacando al tiempo numerosos elementos simbólicos, en un espectáculo de marcado aire flamenco en el que la estilizada sobriedad del conjunto guarda un armonio equilibrio estético entre forma y contenido. Las composiciones musicales de José Luis Montón y las coreografías de Manuel Segovia empastan sobre la superficie de un luto dominante en escena, visible en el vestuario diseñado por Anselmo Gervolés, autor asimismo de una escenografía esencial, insinuada en una serie de elementos capaces trasladarnos tanto a la campiña como a una sala interior.

Un escogido y potente reparto da vida sobre el escenario a la trágica y conocida historia de esta nueva Electra. Hasta un total de veintidós intérpretes llegan a reunirse en él -más algún invitado equino-. Alejandra Torray, Carolina Lapausa, Paula Corolado, Teresa HernándezJuan GeaMaría Garralón, Daniel Migueláñez, César Lucendo, Jaime PuenteAinhoa Molina y el guitarrista José Luis Montón comparten escenario con un magnífico Coro Ibérica de Danza, que constituye asimismo parte fundamental de un espectáculo en el que el flamenco se convierte en expresión artística de la tragedia.

La Electra Jonda de Juan Guerrero Zamora, y el montaje de Manuel Canseco nos retrotraen a viejas formas de hacer teatro y a un reconfortante sentido "clásico" de la escena, lejos de posdramatismos y posmodernidades. Personajes ficticios, reflejos de la condición humana, conflictos claros, de alcance universal al tiempo que cercanos, y una estructura dramática que enmarca, conduce y desarrolla una acción clara y ordenada, desde el principio a su fin. ¿Alguien da más? 

Esta tragedia española con ribetes clásicos, producida por la Comunidad de Madrid para los Teatros del Canal, permanecerá en la Sala Roja de dichos teatros hasta el 18 de septiembre. Una propuesta teatral muy recomendable.

José Luis González Subías


Fotografías: Jero Morales

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