LaJoven lleva a Mercedes Pinto al Teatro Fernán Gómez con "Un señor... cualquiera", en una versión de Raúl Losánez dirigida por José Luis Arellano y Mabel del Pozo


Adelantándose a las celebraciones que a lo largo del próximo año recordarán el centenario de la Generación del 27, a la que el Teatro Fernán Gómez dedica un amplio espacio en esta ya iniciada temporada, la Fundación Teatro Joven (LaJoven) ha querido homenajear y rescatar, de la mano de José Luis Arellano y Mabel del Pozo, directores del montaje que hoy nos ocupa, la figura de Mercedes Pinto (1883-1976), una de las voces femeninas más representativas -y olvidadas- de aquella generación, autora de textos tan revolucionarios en su tiempo como aquella polémica conferencia de 1923, dedicada a El divorcio como medida higiénica, cuyo escándalo propició meses después su salida de España -desterrada por Primo de Rivera-, a la que no regresaría ya durante el resto de su vida, desarrollando toda su obra literaria en diferentes países de Hispanoamérica, hasta su asentamiento definitivo en México, en 1943, donde permaneció hasta su muerte.

No llegó a compartir espacio, por tanto, Mercedes Pinto con los autores de "su" generación -la adscripción de Pinto a esta resulta bastante forzada, perteneciendo en realidad a una generación anterior, la del 14, de la que formaron parte Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna u Ortega y Gasset-, si bien algunas de sus inquietudes coinciden con las de los jóvenes intelectuales y artistas que, entre los años veinte y treinta, irrumpieron con fuerza y protagonizaron el devenir de la cultura española en los años previos a la Guerra Civil, muchos de los cuales compartieron posteriormente, junto con aquella, el exilio; y no hay duda de que su pensamiento y sus obras son un anticipo de las actitudes y reivindicaciones feministas de las autoras Sinsombrero del 27.

Entre la variedad de obras que escribió Mercedes Pinto, quien cultivó todos los géneros literarios, se encuentra la literatura dramática. Aunque su implicación con el teatro fue mucha -fundó la Compañía de Arte Moderno Mercedes Pinto, de la que fue directora, así como la Asociación de Escritores Teatrales de Uruguay-, apenas llegó a escribir un puñado de obras; entre las que se incluye Un señor... cualquiera, la pieza que ayer se estrenó en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez.

Escrita en 1926 y estrenada en Montevideo, en 1930, la versión realizada por Raúl Losánez de esta comedia-farsa en tres jornadas se ha reducido de forma significativa. Reducción en la que se corre el riesgo de perder algunos detalles relevantes del texto original, de suma importancia para el desarrollo de la trama, que, aun presentes en el montaje, pueden quedar algo desvaídos en un espacio en el que predomina el sentido poético de una ficción que trata de centrar el conflicto en la inevitabilidad trágica -o simplemente dramática- de unos comportamientos marcados por la hipocresía social y el deseo de libertad individual. En nuestra opinión, conviene no perder de vista el hecho definitivo de que el arranque de la obra parte del asesinato del amante de una esposa -ELLA (Paula Feror)- que abandona a su marido -ÉL (Raúl Martín)-, quien le arrebata además a su hijo, Pablo, el cual repetirá más tarde una situación semejante, convertido ahora en amante de una esposa adúltera y abandonando a su vez a su joven prometida. La Sombra (Helena Lanza) que aparece en la obra de Pinto adopta aquí un papel mucho más relevante y activo, convirtiéndose en el vehículo comentador-narrador que articula el desarrollo de la acción, desdoblándose asimismo en algún personaje cuando las necesidades del montaje lo requieren.

Con una estética esencial, minimalista, que otorga a la iluminación (Óscar Fernández) el peso de la una ambientación cuya escenografía y vestuario corren a cargo de José Luis Raymond, Arellano y Mabel del Pozo han creado una historia con un lenguaje y una estética muy actual -más allá de la ubicación temporal que nos insinúa el atuendo de los personajes-, que nos traslada a una especie de plató televisivo donde las situaciones se insinúan y sugieren con un mínimo atrezo y el encuadre de unos planos realzados por los focos.

Buen trabajo actoral el realizado por los tres únicos intérpretes que conforman el reparto: Paula Feror, Helena Lanza y Raúl Martín; quienes, desdoblándose en distintos personajes -no así Raúl Martín, quien representa a ese único, siempre el mismo, señor... cualquiera-, adoptan en su interpretación el tono farsesco con que la autora quiso presentar su obra, alternado con el registro más solemne y natural del personaje encarnado por Lanza. 

Con la frescura y desenfado, pero también milimétrico rigor, con que LaJoven aborda siempre sus montajes, esta nueva propuesta de la compañía madrileña, además de su intrínseco valor escénico, tiene el mérito de rescatar la obra de una figura desconocida de nuestras letras que merece ser recordada; no solo como defensora de los derechos de la mujer y de la libertad inherente a estos, sino como autora de una alta calidad literaria, reconocible en esta versión que Raúl Losánez ha cuidado con el mimo y respeto que este autor vuelca siempre en sus trabajos. 

Un señor... cualquiera podrá verse hasta el 4 de octubre, en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez.

José Luis González Subías


Fotografías: Ilde Sandrin

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