"Leonardo y el novio", de Matías Benedetti, una secuela de la tragedia lorquiana más allá de la muerte


Lorca, que te quiero Lorca... Confesamos sin reparos sentirnos extenuados de tanto Lorca. Y no es que nuestro querido y admirado poeta y gran autor teatral tenga la culpa; algo hay en él (muchas cosas) que hace que su figura, su obra y su recuerdo se mantengan no solo vivos, sino, en nuestra opinión, sobreexplotados. A Lorca convendría dejarlo descansar durante un tiempo. Tarea difícil cuando se acercan los fastos de un centenario (el del 27) que volverá a recordarnos al autor de títulos tan conocidos y recordados como Bodas de sangre o La casa de Bernarda Alba

Con el primero de estos tiene que ver la obra que hoy nos ocupa, Leonardo y el Novio, texto del dramaturgo argentino Matías Benedetti, director asimismo de un montaje que fue estrenado el pasado 3 de septiembre en la sala Lola Membrives del Teatro Lara. Concebida como una secuela de Bodas de sangre, el autor presenta, en un lugar impreciso, fuera del tiempo, una especie de purgatorio donde permanecen los dos únicos personajes de la historia, los dos protagonistas masculinos de la tragedia lorquiana, tras haberse quitado la vida en su disputa por la Novia arrebatada por Leonardo en la misma noche de bodas. La tensión entre ambos enemigos irreconciliables, hermanados en una suerte -o desgracia- común, se hace palpable, en una insólita y desquiciante situación que tratarán de resolver juntos, mediante un diálogo que, alternando con la representación recreada por estos de varias escenas del drama original, preámbulo del estado en que se encuentran, deja aflorar sus sentimientos, sus temores, sus deseos... su humanidad, en definitiva.

Con una austeridad de medios obligada en este tipo de montajes del circuito alternativo, Benedetti ha creado un espacio suficiente para dar forma a su propuesta, con una simple mesa de banquete, presidida por la tarta nupcial, dos sillas enfrentadas, multitud de papeles -hojas del libro donde está escrito todo- y una ingeniosa tela circular en forma de redondeada luna tras la que, convenientemente iluminada, se proyecta la sombra de los personajes en algún momento. 

Todo el peso de la función recae en los dos actores que dan vida a la historia, Daniel Rimón (el Novio) y Nehuen Sánchez (Leonardo), quienes resuelven sus papeles con solvencia, dejándonos -especialmente Rimón, cuya dicción y aplomo sobre el escenario es excelente- muy buenas sensaciones.

Ingeniosa y sugerente propuesta, en definitiva, la de Matías Benedetti, que no deja de tener originalidad a pesar del motivo lorquiano que la inspira; nada malo, en absoluto, salvo por la saturación que mencionábamos al comienzo de este escrito. Aun así, el resultado es el de una obra personal, absolutamente autónoma respecto a su fuente, que aborda temas muy diferentes a los planteados en la tragedia lorquiana. Leonardo y el Novio podrá verse de nuevo, en la sala Lola Membrives del Teatro Lara, el jueves 24 de septiembre.

José Luis González Subías


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