"Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos", la reconocida obra de María Velasco, se presenta de nuevo en Nave 10 Matadero para recordarnos que el amor, o su deseo, puede venir de cualquier parte


Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos... con ese título tan llamativo -dolce Pavese-, provocativo incluso, y descarado, María Velasco presentó en abril de 2025, en Nave 10 Matadero, una singular obra que alcanzó numerosos premios y reconocimientos, y los espectadores madrileños han podido disfrutar ahora de nuevo -o por primera vez- a lo largo de este mes de septiembre.

La flamante ganadora del Premio Nacional de Literatura Dramática 2024 nos deslumbraba con un texto monologal centrado en el desahogo emocional -y visceral- de una mujer entrada ya en una madurez que se resiste a aceptar y de la que reniega con furia, y las reflexiones de esta en torno a la necesidad de un amor tan difícil de alcanzar como mutable, evanescente, etéreo, carnal, libidonoso, exhibicionista, onanista... o extraterrestre. 

La renovadora o rebelde concepción de la escena, de esta autora burgalesa, que dirige asimismo su obra, se manifiesta no solo en la innegable originalidad de un texto capaz de ofrecer una alta dosis literaria, con ribetes culturalistas de actualidad, al tiempo que busca la provocación descendiendo con frecuencia a un realismo carnal tan premeditado como sublime, sino en un montaje que no dudamos en calificar de excepcional y brillante. El color, la forma, la luz, el sonido, el movimiento... todos los elementos sígnicos de esta función, más allá de las palabras y junto con estas, forman un perfecto engranaje de sensaciones y estímulos que zarandean y seducen al espectador, que asiste atónito y expectante a algo que no sabe describir y quizá entender, pero que lo arrastra, interesa y conduce a lo largo de un viaje que tiene, desde su carnalidad, no poco de astral o estelar.

Maravilloso el equipo artístico que acompaña a Velasco en esta travesía. La importantísima iluminación de Pilar Valdevira, que nos traslada a un espacio entre onírico y futurista, casi alienígena; la funcional y atractiva escenografía diseñada por José Novoa, que integra un dormitorio en el seno de una casa con invernadero y un escenario para conciertos; el sonido y las magníficas composiciones musicales de Tagore González -interpretadas en directo, con maestría, por Carlos Beluga-; el espléndido vestuario diseñado por la propia María Velasco; las coreografías de Josefina Gorostiza o las videosescenas creadas por Albert Coma.

Mención aparte y muy destacada merece el prodigioso trabajo de la actriz Maricel Álvarez, que, simplemente, nos fascinó. Soberbia, poderosa, dueña de todos los registros posibles, con un dominio técnico de la voz y el cuerpo espectaculares... A la que acompaña en escena un Carlos Beluga que une a sus grandes cualidades como actor, su capacidad para la danza y la expresión corporal, y su extraordinaria faceta de músico y cantante, que nos dejó momentos musicales de gran calidad.   

No debe buscarse en cualquier caso una trama, conflictos o personajes al uso en la obra que nos ocupa; nada más prosaico y desfasado (léase entre comillas). María Velasco ofrece una nueva voz, compartida por muchos autores y especialmente autoras de su generación, que representa una forma distinta de entender la escena y el hecho teatral. Un acto compartido, performático, por regla general unidireccional, que suele partir de un desahogo emocional frente a sentimientos y vivencias traumáticas -sean personales, reales o no- que los actores -que dejan de ser personajes para convertirse en receptáculos transmisores de estos- reproducen y expresan, en unos textos que adaptan con frecuencia una forma discursiva -cuando no narrativa- a través de la cual se ofrecen reflexiones u opiniones en voz alta que los intérpretes comparten con el público buscando su complicidad o a veces echándoselas a la cara. Muy en la línea de la corriente posdramática del teatro contemporáneo. Lo cual no es óbice para que nos hallemos ante un espectáculo impactante, de enorme calidad artística. Bienvenido sea lo posdramático si así se presenta.

Nave 10 Matadero es un espacio más que apropiado para un tipo de creaciones escénicas que, creemos, por el momento no pueden llegar a cualquier público; sí a los espectadores habituales de una sala destinada expresamente a la Creación Dramática Contemporánea, que saben bien qué tipos de espectáculos desean y esperan ver. Me temo que el público habitual en otros espacios escénicos se sentiría muy perdido ante esta obra, que, en cualquier caso, ya ha sido ampliamente reconocida y de la que apenas quedan entradas para los próximos días. Como en tantas ocasiones he comentado en estas páginas, la distancia generacional vuelve a asomar en una escena, que, por fortuna, es lo suficientemente rica como para satisfacer las apetencias y necesidades de los más variados públicos; lo cual permite que el teatro vuelva a estar hoy vivo y resulte atractivo. ¡Benditas sean las diferencias en este caso! 

Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos de María Velasco es una pequeña joya del teatro español contemporáneo, una referencia y un montaje que todo amante de la escena y el buen teatro -dramático o posdramático-, debe ver. Permanecerá hasta el 20 de septiembre, en Nave 10 Matadero.

José Luis González Subías


Fotografías: Jesús Ugalde

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