El humor y la emoción se unen en "Pactos y promesas", una comedia de Luis Flor, protagonizada por María Garralón, Roger Álvarez y Néstor Rubio


Ayer se celebró un gran estreno en uno de esos teatros de barrio -nada menos que el popular y selecto barrio de Chamberí- que llenan su programación de atractivos y variados títulos para todos los públicos. La ocasión reunió, en los Teatros Luchana, a una nutrida concurrencia entre la que era fácil reconocer rostros de personajes que durante años han alimentado las pantallas televisivas y cinematográficas, representantes del mundo del espectáculo de este país durante décadas. Todos acudimos a la llamada de unos artistas y amigos a los que admiramos, dispuestos a disfrutar de su trabajo y convencidos de que no nos iban a defraudar. Como así fue.

María Garralón
, Roger Álvarez y Néstor Rubio se hicieron desde el primer momento con una escena en la que se encuentran como en casa, y con un público que no tardó en dejarse envolver en la historia trazada por Luis Flor, autor y director de Pactos y promesas; una deliciosa comedia, de hondura dramática, que le habla al corazón y al deseo de seguir soñando la vida que todos deseamos. Una vida que, en esencia, constituye un permanente anhelo -a veces angustioso- de huir de la soledad, buscando el amor de los otros -el propio nunca es suficiente-. Todos hacemos pactos y promesas para encontrarlo. Porque al fin y al cabo la vida no es más que el pacto que realizamos con los otros, con Dios o con nosotros mismos, con la promesa de seguir vivos.

Angelines (María Garralón), recién casada con un joven marroquí, Rachid (Néstor Rubio), ha creado una ficción de felicidad a imagen de las telenovelas turcas que consume y en torno a un matrimonio tan imposible como el del embarazo que afirma tener a su avanzada edad. La irrupción en sus vidas de Gregorio (Roger Álvarez), un músico callejero marcado por un pesimismo patológico, que será acogido -más bien retenido- en la casa por estos, trastocará la idílica fantasía en que vive instalada Angelines, introduciendo un duro contraste de "realidad" en su mundo. 

Las divertidas situaciones que se suceden, potenciadas por el contraste entre dos personajes tan distintos como el de Rachid y Gregorio, junto con la dulce "candidez" de Angelines, mantienen el interés por una pieza que transcurre con agilidad, guiada hábilmente por su director. El humor, que oscila entre la sonrisa y la carcajada de forma natural, se congela en algunas ocasiones donde una incipiente tensión da paso, enseguida, a una salida distendida; e incluso en numerosos momentos, la emoción, poderosa dosificadora de las intenciones y las acciones, se adueña de la escena. Porque, si debemos describir en dos palabras lo que esta obra nos transmite, estas serían humor y emoción.

Luis Flor, a quien conocíamos en su faceta de actor y director, se nos revela ahora como dramaturgo; y lo hace con una comedia de alto valor humano, que es del que anda más necesitada precisamente nuestra sociedad, sabiendo conectar con la sensibilidad y las inquietudes de unas generaciones que hace tiempo dejaron atrás un pasado fundido con el sueño. Roger Álvarez y María Garralón, sublimes en sus respectivos papeles, encarnan en sus personajes esa mirada que otorga la sabiduría del tiempo vivido, impregnando el escenario, como actores, del reposado poso que hace visibles los primores del buen vino. Por su parte, Néstor Rubio, verdadero torrente de fuerza interpretativa, convertido en motor del ritmo de la pieza, despliega unos recursos expresivos sobre el escenario que lo hacen imprescindible para el desarrollo de la acción.

Completan el equipo artístico de este atractivo montaje José P. Katxua, en el diseño de una escenografía funcional y práctica, capaz de recrear el salón del hogar de Angelines, del mismo modo que un parque público o una iglesia, empleando un simple sofá giratorio y un fondo de pantalla con el dibujo de la plaza del pueblo donde se desarrolla la historia; Alex Espeso en la iluminación, Lino Lemond en el vestuario -acorde con el realismo de la pieza-, Germán García y Luis Flor en el diseño del espacio sonoro; y Roger Álvarez como creador de la música original de la obra, en la que esta tiene un importante papel.

Pactos y promesas es una de esas comedias que endulzan la vida y animan a seguir creyendo en ella. Felicitamos a Luis Flor por la senda iniciada como dramaturgo, y esperamos ver pronto nuevas creaciones de este director que sabe bien cómo seducir y emocionar en escena. La obra se representará en los Teatros Luchana, todos los sábados, hasta el 19 de enero. Una buena opción teatral para el fin de semana.

José Luis González Subías


Fotografías: Leticia Álvarez Perea

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