"La verbena de la Paloma" vuelve al Teatro de la Zarzuela, con el magnífico montaje de Nuria Castejón estrenado en 2024


Volver a La verbena de la Paloma siempre es un emotivo disfrute para los amantes de un género chico que aúna algunos de los más grandes aciertos de nuestra tradición escénica: comicidad, desparpajo, amor, enredo y unas melodías inolvidables puestas en pie por unos intérpretes que dan lo mejor de sí sobre un escenario que, en esta ocasión, se viste verdaderamente de luces y ofrece todo un espectáculo artístico.

El montaje de Nuria Castejón -a cargo asimismo de las variadas coreografías que iluminan la pieza-, bajo la dirección musical de Carlos Aragón, que ya fuera estrenado en este mismo espacio en 2024, ha vuelto al Teatro de la Zarzuela para deleite de quienes en aquella ocasión no pudimos disfrutar de tan siempre loable acontecimiento -o quienes han querido repetir-. De nuevo la tensa historia de amor entre Susana y Julián, y los celos de este frente a las veleidades de su novia ante los galanteos de don Hilarión hacen su aparición en escena, junto con los personajes característicos de aquel Madrid de finales del siglo XIX -trasladado en este montaje a los años veinte del siglo pasado-, en un ambiente festivo y estival en torno a la verbena de La Paloma.

Esta producción del Teatro de la Zarzuela suma al célebre sainete lírico de Ricardo de la Vega y Tomás Bretón, estrenado en el Teatro Apolo el 17 de febrero de 1894, un más que apropósito y acertado prólogo cómico-lírico, con el título de Adiós Apolo, también en un acto, original de Álvaro Tato, que vuelve a poner de manifiesto la extraordinaria habilidad de este dramaturgo contemporáneo para dar nueva vida a la voz de tiempos pretéritos, actualizándola y convirtiéndola en propia. Un verdadero homenaje a aquella "catedral del género chico" que, entre 1873 y 1929 -año en que se supone representado este prólogo-, vivió el esplendor y declive de nuestra zarzuela.

La inclusión de este añadido inicial -excelente como pieza cómico-lírica en sí mismo- aporta al conjunto una estructura metateatral, al plantear el comienzo de la acción en el escenario mismo del Teatro Apolo, donde los actores que van a interpretar La verbena de la Paloma se hallan en lo que se supone ser un ensayo previo a esta, truncado por multitud de diálogos y situaciones variadas -con canciones y bailes de conocidas piezas líricas españolas incluidos-, ante la impotencia del director de escena (excelente Rafa Castejón en su papel), que se verá en la obligación, tras recibir la notificación formal, de anunciar el inmediato cierre del teatro.

Una ambiciosa propuesta que juega con el atractivo de su ligero acercamiento en el tiempo, al trasladarse la acción -tal y como muestra el vestuario, los edificios y una cuña radiofónica a la que pone voz Jesús Castejón- a los años veinte del pasado siglo; época lo suficientemente cercana al momento en que Ricardo de la Vega situó la acción de su libreto, y lo bastante alejada de nosotros, como para no encontrar disonancia alguna en la historia, el tono y el lenguaje de cuanto sucede en escena.

La ampulosa y fascinante escenografía de Nicolás Boni, que aprovecha toda la altura del escenario para ofrecernos un Madrid de edificios ampulosos -los que pueden hallarse en torno a la calle de Jovellanos-, y el fabuloso vestuario diseñado por Gabriela Salaverri, ofrecen la ambientación adecuada a una pieza que, sin perder su habitual aire popular, adopta un estilo algo más elevado en las formas. Por su parte, la excelente iluminación de Albert Faura crea la requerida atmósfera para una pieza cuya acción transcurre en una calurosa noche del verano madrileño.

Acompañan a la veintena de actores y cantantes que conforman el reparto, una docena de bailarines figurantes, a los que debe sumarse el coro titular del Teatro de la Zarzuela y la orquesta de la Comunidad de Madrid. Un generoso conjunto de artistas que hacen posible una producción marcada por la excelencia y su magnitud.

Es necesario destacar el extraordinario trabajo del elenco que actuó ayer en La Zarzuela, empezando por el actor y tenor Antonio Comas que nos deleitó con un don Hilarión inigualable. Les correspondía en esta ocasión al barítono César San Martín y a la soprano Maria Rey-Joly dar vida a los personajes de Julián y Susana (interpretados en otras funciones, respectivamente, por Borja Quiza y Carmen Romeu). La también soprano Milagros Martín nos ofreció una potente señá Rita, mientras que la soprano Ana San Martín, interpretó a Casta. El tenor Jorge Rodríguez-Norton asumió ayer el papel de don Sebastián (papel interpretado en otras ocasiones por Gerardo López). El todoterreno Rafa Castejón brilló en su papel de Tabernero, Sara Salado deslumbró en su papel de Cantaora, y Gurutze Beitia creó una Tía Antonia de armas tomar. El resto del reparto, de absoluta solvencia en su cometido, lo conforman Ricardo Reguera, Lara Chaves, Alberto Frías, Tony Iniesta, Ariel Carmona, Mitxel Santamarina, Ana Goya, David Soto Giganto, Albert Díaz y Ramón Grau.

Una producción, en definitiva, de enorme calidad; de lo mejorcito que ahora mismo puede verse en la cartelera madrileña. La verbena de la Paloma permanecerá en el Teatro de la Zarzuela hasta el próximo 4 de octubre. Si tienen la fortuna de disponer de alguna entrada, enhorabuena; relájense y disfruten de una de las grandes obras de nuestro género lírico.

José Luis González Subías


Fotografías: Elena del Real

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