"Las modistas", de Claudia Puig Moysset, en Salto Escénico, una comedia de altura para una sala teatral de primer orden


En nuestras correrías teatreras, nos trasladamos ayer a Pacífico, en el distrito Retiro, para conocer una nueva sala teatral que, confesamos, nos maravilló. Su nombre, Salto Escénico. Creado y dirigido por Luis Otero y Keka Monreal, este nuevo espacio, que acaba de cumplir siete meses de vida, cumple con todo cuanto se puede pedir -y desear- de un teatro alternativo, cuyas instalaciones sonrojarían -por estupendas- a las de muchas salas escénicas consolidadas en la capital. Si la programación elegida acompaña a su nivel técnico y recursos, estamos seguros de que no tardará en hacerse un merecido hueco en la cartelera teatral y convertirse en un espacio de referencia.

La obra que nos llevó hasta allí es un texto de Claudia Puig Moysset que ha tenido ya un largo recorrido en Madrid. Estrenada en enero de 2025, en La Escalera de Jacob, la obra ha estado en escena durante bastante tiempo con posterioridad, en el Teatro de Las Aguas, para regresar ahora con un nuevo elenco, en la sala Salto Escénico, donde se representa desde el pasado 5 de septiembre.

Liza Muradyan (Clara), Paula Solís (Julia), Jorge Puerta (Rafael), Guilligan Dionisio (Pepe), Luisa Florez (Catalina) y Ángela Garman (Rosa) dan vida a las trabajadoras y empleados de la fábrica de tejidos Fibracolor, un espacio real que estuvo situado en Tordera, pueblo de Barcelona donde se crio la autora y directora de Las modistas. Partiendo de la intención de ofrecer un cariñoso recuerdo a su pasado y honrar sus orígenes, Puig Moysset da forma escénica a algunos momentos vividos en dicha fábrica -algunos reales, otros ficticios-, centrados en 1962. Un tiempo recreado por la autora en varios importantes sucesos históricos vividos aquel año -la terrible inundación sufrida en Cataluña, la muerte de Marilyn Monroe, el lanzamiento de "Love me do", de The Beatles, la  boda de Lennon...-, con la intención de mostrar un retazo de vida; la de sus abuelos y la de los habitantes de un pueblo que hallaron su prosperidad y fueron felices en torno a esa fábrica textil recordada con tanto cariño.

Especial atención y protagonismo cobran las trabajadoras de aquel lugar, que se convirtió para todos quienes convivieron allí en un auténtico hogar donde se sentían en familia. Las relaciones interpersonales cobran especial relevancia en un texto que trata de mostrar el lado más amable y humano de una realidad que también lo es, si se quiere ver o se recuerda de ese modo. Las modistas es una obra de amor, de nostalgia y de recuerdo querido, y el tono elegido para hablar de ello y de evocar ese pasado, no podía ser otro que el de la comedia; una comedia amable y ágil, que la directora ha sabido dar el frescor y la ligereza necesaria para ser respirada y contemplada con una sonrisa.

Excelente trabajo de dirección, con un muy acertado uso de la ambientación musical, el vestuario y un atrezo elemental que nos permite ubicar la acción en su espacio -la escenografía se limita a un par de elementos identificativos del lugar-, con algunas concesiones en el tiempo que no disuenan -la música elegida, por ejemplo-, sino que acercan al espectador a ese espacio y a ese tiempo sin distancia alguna. Magnífico trabajo realizan asimismo los seis intérpretes que componen el reparto, cuya química y "buen rollo" en escena se traslada al público.   

El momento culminante de la obra coincide con el encargo y confección de un vestido para Grace Kelly -imaginaria licencia que da mayor interés a la trama-, que pone al límite la resistencia y capacidad de las empleadas de la fábrica, y cuyo desenlace será tan feliz como los pequeños "conflictos" que hayan podido surgir entre Catalina y Rafael, Rosa y Pepe, Julia y Clara. Un happy end de comedia, para una comedia que no oculta su condición de tal y consigue plenamente sus objetivos.

Las modistas, de Claudia Puig Moysset, se representará de nuevo el 30 de octubre en la sala Salto Escénico, y sabemos de buena tinta que seguirá haciéndolo en próximas ocasiones. Un feliz descubrimiento el de esta joven directora y dramaturga, así como el de una sala a la que, a buen seguro, volveremos.

José Luis González Subías



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